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Salto doble
Fecha: 10/05/2026, Categorías: Hetero Autor: Chicles, Fuente: SexoSinTabues30
... artística. Cuando se dio la hora de salir a comer, fueron por sus motocicletas. Intercambiaron llaves, colocaron los intercomunicadores de sus cascos en la misma frecuencia y partieron a comer hacia Texcoco. No era necesario regresar al Instituto. Durante el camino platicaron un poco. Salomón se dio cuenta que Elena tenía mucho mayor pericia que él en el manejo del ruidoso armatroste, lo cual le resultó admirable pues él también aprendió a manejar la motocicleta al salir de su adolescencia. –¿De dónde son las frases que forman las nervaduras de las mariposas en tu casco? –preguntó Salomón. –Son de “Diarios de motocicleta” de Guevara. ¿Nunca viste la película con Gael García que tenía ese nombre? –preguntó Elena. –Sí, pero no recuerdo casi nada –contestó él con cierta vergüenza. –¡Ah pilín! Fuiste al cine, pero no te acuerdas. Seguramente fuiste con tu novia y hacían lo mismo que nosotros, pero yo siempre he tenido un ojo al gato y otro al garabato –expuso jocosamente Elena–. Eso significa que eres apasionado con las novias, ¡ja, ja, ja! Slomón guardó silencio, pues recordó que nunca fue afortunado con las muchachas. –¡Aló, aló! ¿Me escuchas? –preguntó Elena quien pensó que había fallo en la comunicación. –Sí, sí, te oigo, pero ya llegamos a la zona de los puestos de comida. Déjame pasarme adelante y me sigues –ordenó antes de rebasarla. Pidieron de comer sopa de médula y un par de tacos de barbacoa. Para tomar, Elena pidió un curado de ...
... tuna. –¿No se te subirá el pulque? –preguntó Salomón preocupado. –¡Qué se me va a subir! Pide tú lo que gustes, si te marea esta bebida, también hay tepache –indicó Elena, restándole importancia al comentario que hizo Salomón. Platicaron de sus vidas, sus parientes, sus intereses y más. Ella se enteró de la “mala suerte” que tenía Salomón en el trato con la gente lo que le impidió tener amigos y novias. Ella corrigió inmediatamente haciéndole ver que eso se debía a que él no deseaba comunicarse y se escondía en sus estudios y su trabajo. “Vete a las zonas de atención al público de alguno de tus negocios, a trabajar un rato y exponerte al trato con la gente. Te darás cuenta que es puro choro lo que dices de tu mala suerte en la comunicación”, le sugirió Elena y Salomón se supo descubierto, pero lo alegró que ella pudiera asomarse en sus pensamientos, sentimientos y traumas psicológicos con facilidad. Más tarde, cuando pagaron el consumo, Salomón volvió a insistir: “¿Te sientes bien? ¿No se te subió?” –Obviamente estoy bien. Sí me gustaría que se me subiera algo que quizá sea inalcanzable… –le dijo tomándolo suavemente de la barbilla– Te invito un café árabe en mi casa. ¿Vamos? Salomón sintió la caricia con mayor intensidad que el beso depositado en la nariz con el dedo que ella le dio el día anterior. “Yo te sigo. Cada quien se va en su vehículo”, contestó e intercambiaron llaves otra vez. El retorno fue más lento, pero la plática continuó. Tampoco le fue muy bien a ...