1. Siempre en Marcha Parte 4


    Fecha: 17/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... incómodo formaban parte de una coreografía precisa. No necesitaba levantar la voz ni imponer órdenes para que todo se moviera como él quería. Jugaba con las emociones, con la necesidad, con los vacíos no resueltos de cada una. Andrea lo había notado desde el principio, pero había preferido ignorarlo. En el club, todo era más nítido: los gestos, los códigos ocultos, las jerarquías disfrazadas de cortesía. Ella sabía que no estaban allí por casualidad, y que las decisiones que tomaban, aunque voluntarias en la superficie, estaban condicionadas por todo lo que ese hombre representaba. —Nada de lo que pasó fue casual —murmuró a Samuel, con la mirada perdida pero sin separarse si un centímetro de él—. Hasta los cuerpos tenían un orden. Nosotras, las putas… y ellos. Hombres con trajes caros, relojes brillantes, manos suaves y labios que mentían con facilidad. Y sí, los penes también eran parte del guion. Como si fueran el símbolo último del poder que tenían. No por el cuerpo en sí, sino por lo que implicaba. El derecho asumido de tocar, de penetrarnos, de marcar. No lo dijo con asco. Lo dijo con rabia contenida, con una mezcla de decepción y comprensión amarga. Porque Andrea no solo estaba hablando de sexo. Estaba hablando de control, de identidad, de cómo el deseo puede ser manipulada para volverse obediencia. Samuel no respondió. No sabía cómo. Solo se acercó y la beso, un beso que en ese momento contenía una verdad que dolía más por ser compartida que por ser vivida en ...
    ... soledad. Lucas los miró sorprendido, Lorena sonrió con ternura y comprensión. El beso duró unos segundos y cuando terminó, Andrea continuó, sin mirar a nadie en particular. Como si hablara consigo misma, como si lo necesitara para no perder el equilibrio entre lo que recordaba y lo que ahora entendía. —Pero también pienso que Ernesto disfrutaba de pretender ofender a mamá usándome… No era solo lo físico. Era ver cómo ella se debatía entre el miedo y el deseo, entre el rechazo y la entrega. Él no necesitaba forzarla. Bastaba con dejarle claro que no había salida. Y entonces ella… reaccionaba. Hubo un silencio pesado, como si alguien hubiese cerrado una puerta sin tocarla. —Él me hizo suya de maneras que yo no imaginaba que se podía, me quitó mi virginidad, pero mi vagina no fue su objetivo final, perdí la cuenta de cuantas corridas me hicieron dentro de mi ano, solo sé que la suya fue la primera —agregó, con una voz apenas más baja, más cargada de algo parecido a vergüenza, pero también a reconocimiento. No era una confesión sexual. Era una forma de nombrar la invasión emocional. El modo en que una persona puede entrar en la mente y el cuerpo de otra sin romper nada, pero dejándolo todo diferente. No hubo violencia, no hubo necesidad de eso, no nos obligaron. Pero cada mirada suya estaba medida, cada contacto pensado, cada pausa hablaba de un cálculo exacto. —Creo que a mamá le pasó algo parecido. No puedo, no podemos juzgarla. Yo también sentí esa mezcla de asco y deseo. De querer ...
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