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Seducida por el verdulero (2)
Fecha: 23/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Alma Carrizo, Fuente: CuentoRelatos
... de algo mientras cerraba los ojos: el lado tierno y amable de José me había excitado casi tanto como su descaro. Y lo peor es que ya no estaba tan segura de querer seguir resistiéndome. Llegó la noche de la cena y el ambiente estaba cargado de perfumes, risas y el ruido de cubiertos sobre vajilla elegante. Las mesas estaban dispuestas alrededor del enorme salón iluminado con lámparas de cristal. Había familiares de Ángela, vecinos del pueblo, amigos, y gente que yo apenas conocía. Me vestí con algo discreto, sabiendo que todavía faltaba la fiesta después. Elegí un vestido midi color marfil, de tela liviana y caída suave, con mangas tres cuartos y un leve escote en “V”. No era pegado al cuerpo, pero aun así mis curvas se insinuaban inevitablemente, sobre todo cuando me movía. Mi culo y mis tetas parecían querer asomarse siempre, aunque yo intentara disimularlo. Es que por más holgado que fuera el vestido, había algo en mi figura que siempre atraía miradas. —¡Estás hermosa! —me dijo Ángela cuando me vio bajar las escaleras. —¿No es muy sencillo? —pregunté, ajustándome los aros de perlas. —Sos Alma —dijo, rodando los ojos—. Aunque vinieras en jogging, brillarías igual. En la mesa, nos sentamos todas las chicas juntas: Ángela, Lili, Caro, Natalia, Sofía y yo. Entre nosotras, las risas no faltaban, pero nos comportamos bastante bien, considerando que estábamos rodeadas de tías, abuelos y padres. Hablamos de pavadas, brindamos varias veces y fingimos ser ...
... santas. —¿Y esa cara de buena, Alma? —me susurró Lili—. Parecés una monjita… salvo por ese escote que me distrae. —Callate —dije, riéndome—. Todavía falta la segunda parte de la noche. Cenamos pastas caseras, carnes, y un postre exquisito que Ángela había encargado especialmente. Todo transcurrió en orden. Ninguna insinuación, ningún comentario subido de tono. Parecíamos un grupo de señoras respetables. Pero por debajo, todas sabíamos que la verdadera noche empezaba después. Terminado el café y los brindis, subimos a cambiarnos para la fiesta. Las chicas estaban excitadas como adolescentes, corriendo de un lado a otro, probándose vestidos, zapatos, pintalabios. Yo elegí algo completamente distinto para la segunda parte de la noche. Quería verme más atrevida, más segura. Y, sobre todo, quería sentirme deseada. Me puse un vestido negro, corto, de tela satinada, con breteles finos y un escote pronunciado que realzaba el pecho. La falda ajustada abrazaba mis caderas, marcando cada curva. El largo apenas me llegaba a mitad de muslo. Me pinté los labios de rojo intenso y me solté el pelo. Cuando bajé, Ángela se quedó con la boca abierta. —¡No podés salir así, Alma! —exclamó, tapándose la boca—. ¡Nos van a matar los hombres del pueblo! —Yo solo me visto para mí —dije, sonriendo, mientras me acomodaba el vestido sobre las caderas. —Sí, claro —dijo Lili, pasando detrás mío y dándome un cachetazo suave en la cola—. Para vos… y para que medio pueblo se quede ...