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Seducida por el verdulero (2)
Fecha: 23/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Alma Carrizo, Fuente: CuentoRelatos
... babeando. Entramos juntas al salón de fiestas. Las luces ya estaban bajas, la música sonaba con ritmo envolvente. Apenas cruzamos la puerta, se notó la tensión masculina en el aire. Varias cabezas se giraron hacia nosotras. Yo me sentí desnuda bajo esas miradas, pero a la vez me recorría un cosquilleo delicioso por la piel. —Te están comiendo viva —me susurró Ángela, pegada a mi oído. —Exagerás —contesté, aunque sabía que no. —¡Alma! —gritó Sofía—. ¡A bailar! Nos lanzamos a la pista. Nosotras seis formamos un grupo compacto, riéndonos, bailando juntas, rozándonos mientras seguíamos el ritmo de la música. Era un mar de luces y cuerpos que se movían. Yo me sentía poderosa, deseada, viva. Cada vez que giraba, sentía miradas clavadas en mi trasero o en el escote. El calor subía. La música retumbaba en mis costillas. Y aunque intentaba concentrarme solo en el baile, no podía evitar que ciertos ojos oscuros me buscaran entre la multitud. Pero de eso… todavía no quería pensar. Por ahora, solo estaba ahí, con mis amigas, sintiéndome hermosa. Y sabiendo que la noche recién estaba empezando. La música se había vuelto cada vez más atrevida a medida que la madrugada avanzaba. El salón entero parecía vibrar al ritmo de luces de colores, tragos y risas. Alma seguía bailando con sus amigas, riéndose, los cuerpos pegados, las caderas moviéndose al compás del reggaetón. Pero una a una, las chicas comenzaron a dispersarse. Algunas se iban con parejas, otras con ...
... algún amante improvisado de la noche. Y para cuando Alma quiso darse cuenta, estaba sola en medio de la pista, sudada, con la respiración agitada y una sensación ardiente entre las piernas. Fue entonces cuando sintió que alguien se acercaba por detrás. Un aroma a colonia masculina y a campo la envolvió. —¿Bailamos? —dijo José, muy cerca de su oído, con la voz grave. Alma dio un respingo, giró para encararlo. Él estaba impecable, camisa entallada blanca, los brazos tensos bajo la tela. —No sé si es buena idea… —dijo ella, mordiéndose el labio, aunque sus caderas seguían marcando el ritmo de la música. —Claro que es buena idea —contestó él, y puso las manos en su cintura. Por un segundo, Alma se quedó rígida. Pero el bajo profundo de la canción vibró en el piso, en su vientre, y terminó entregándose. Levantó los brazos, dejó que él se acercara. Empezaron a bailar. Al principio, separados, jugando. Pero la música subió de tono, y José fue acortando la distancia. Sus cuerpos terminaron pegados, pecho contra pecho. Ella podía sentirle el calor, el pulso acelerado, y un bulto duro presionando contra su vientre. —Estás hermosa esta noche, Alma —murmuró José, rozándole la oreja con los labios. —Decíselo a las otras veinte mujeres que te deben estar mirando —contestó ella, fingiendo desinterés, aunque su voz tembló. —Las otras no me importan —replicó él—. Desde la primera vez que te vi, supe que iba a ser con vos. Alma tragó saliva. No quería ceder… pero ...