1. Seducida por el verdulero (2)


    Fecha: 23/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Alma Carrizo, Fuente: CuentoRelatos

    ... ya lo estaba haciendo. Una canción nueva empezó: reggaetón lento, con un ritmo marcado y letras descaradas. José pegó aún más su pelvis contra la de ella.
    
    Alma ahogó un gemido cuando sintió la presión firme de su erección. Se miraron a los ojos, respirando agitados. Él empezó a mover la cadera, lento, frotándose contra ella sin disimulo.
    
    Ella lo imitó. Subió las manos a su cuello. Sus pechos se aplastaron contra el torso de José. Sentía cómo sus pezones se endurecían bajo el vestido ajustado. Todo alrededor era gente bailando igual, o peor. Nadie parecía mirar.
    
    —Te voy a volver loca —le dijo José, sujetándola de la cintura, pegándola aún más.
    
    —Shh… callate —susurró ella—. Me vas a meter en un quilombo.
    
    —Ya estás metida… —le contestó él.
    
    La música subió de intensidad, y Alma se rindió. Se giró, dándole la espalda, y empezó a mover las caderas contra la pelvis de José, que la sujetó fuerte de la cintura. Él bajó una mano a su vientre y, sin vergüenza, la rozó peligrosamente cerca de su entrepierna.
    
    Ella jadeó, apoyando la cabeza sobre su hombro.
    
    —Vámonos de acá —dijo José, voz ronca.
    
    —¿Adónde? —preguntó Alma, aunque ya sabía la respuesta.
    
    —A donde no nos vea nadie.
    
    Alma lo tomó de la mano y lo sacó del salón, entre la multitud. El corazón le latía con fuerza, la piel ardía. Recorrieron un pasillo oscuro hasta llegar a un rincón medio desierto, entre dos paredes. Allí, Alma lo empujó suavemente contra el muro.
    
    —Te odio… —le dijo, aunque ...
    ... estaba temblando de deseo.
    
    José sonrió apenas.
    
    —Mentís para protegerte.
    
    Ella lo besó. Al principio suave, pero enseguida se hizo urgente. José la sostuvo del rostro, luego bajó las manos, apretándole las caderas, subiéndole el vestido por la parte trasera para palparle las nalgas desnudas bajo la tela. —Dios… tenés el culo más hermoso que vi en mi vida —murmuró él, besándola con hambre. Alma le desabrochó un botón de la camisa. José bajó las manos y le apretó los pechos, hundiendo los dedos en su carne, haciendo que ella soltara un gemido bajo.
    
    —José… —jadeó Alma—. Pará…
    
    —No quiero parar… —dijo él, pegándola más contra su cuerpo.
    
    Alma empezó a deslizarse hacia abajo, lenta, mirándolo a los ojos mientras se agachaba. Sus manos viajaron a su cinturón. Lo desabrochó con dedos temblorosos, mordiéndose el labio, dispuesta a seguir.
    
    Pero de repente, a lo lejos, se oyó una voz que la llamó:
    
    —¡Alma! ¿Estás por ahí?
    
    Se congeló. José también. Ella quedó medio agachada, con el cinturón en la mano. Se miraron, jadeantes.
    
    —Mierda… —dijo Alma, incorporándose de golpe y arreglándose el vestido.
    
    José la sujetó de la muñeca.
    
    —No te vayas…
    
    —Tengo que ir… —dijo ella, tratando de recuperar el aliento—. Después seguimos…
    
    Y se alejó, dejando a José con la respiración agitada y el cinturón desabrochado. Mientras volvía hacia la pista, Alma sentía las piernas flojas y la ropa interior completamente húmeda.
    
    Sabía que no iba a poder resistirse mucho más… 
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