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Esa no es tuya
Fecha: 26/05/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: bargan, Fuente: CuentoRelatos
... una excepción, no puedo seguir así” –intentó convencerse. Ya en su apartamento, decidió cambiarse e ir a ver a Jorge, al que todavía le quedaban unos minutos de su clase de tenis. Se quitó el bañador, se cambió el salvaslip, –“madre mía, está empapado” –comprobó abrumada–, se puso una camiseta sin mangas, un pantaloncito corto y se encaminó a las pistas de tenis. Jorge no conocía a Serge. De hecho, David le había comentado que acababa de llegar de Estados Unidos, donde era monitor de tenis e incluso entrenador personal de algunos jugadores profesionales, y regresaba a España a pasar unos días junto a sus padres, los cuales residían aquí. Según le comentó David, su progenitor era un diplomático norteamericano que en lugar de veranear en su país de origen aprovechaba el sol español y se quedaba casi todo el verano por estos lares. Serge solía visitarlos unos días cada año, y ambos habían entablado amistad a raíz de la participación de los dos en un torneo de tenis que se celebraba en la urbanización todos los finales de agosto. Cuando llegó a la pista habitual, Jorge se encontró con alguien practicando el servicio utilizando la típica cesta llena de pelotas, y se quedó unos segundos contemplando la perfecta ejecución de dicha suerte tenística efectuada por el que suponía que debía ser Serge. La visión era realmente espectacular, pues su nuevo profesor debía medir cerca de dos metros de altura, más fibroso y musculado aun que David, y con una piel de un tono bronce ...
... oscuro que brillaba por el efecto del sol sobre el sudor. Cuando Serge se percató de que no se encontraba solo, se detuvo y sonrió agradablemente mostrando una blanca dentadura que contrastaba con su oscura figura; adelantó su mano hacia Jorge mientras pronunciaba un profundo y grave “hola, soy Serge”. Lidia se aproximaba a la pista en la que su marido solía entrenar, y adivinó su figura a lo lejos intercambiando golpes con el que obviamente debía ser el sustituto de David. Se encaminó a la puerta, la atravesó y se encaramó a la parte más alta de las pequeñas gradas que rodeaban la pista, justo donde se encontraba una pequeña sombrilla que la protegería del sol. Entonces se sentó, levantó sus gafas de sol y saludó con la mano a Jorge, que se lo devolvió para a continuación golpear con dificultad una bola que llegaba con inusitada fuerza desde el otro lado de la pista. Y entonces, Lidia cambió la dirección de su mirada hacia su izquierda y se quedó admirada al poder contemplar la impresionante figura de un hombre sencillamente espectacular. La Lidia de hace 48 horas se habría limitado a admirar el hercúleo cuerpo del nuevo profesor de su marido, pero ahora algo había cambiado. Dentro de ella se había despertado una sexualidad tan intensa que no podía evitar tener pensamientos pecaminosos al ver a semejante ejemplar de macho. Su lucha interna la devolvía por momentos a su ser anterior, pero al instante, las imágenes de las escenas sexuales acontecidas la pasada noche se ...