-
Otra pareja cualquiera
Fecha: 28/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: LIDIA, Fuente: TodoRelatos
... generaciones. Y tú prefieres malgastar tu talento rodeándote de gentuza como… —miró a Gabriel con desdén— como éste. Gabriel bajó la vista, sintiendo la vergüenza arderle en las mejillas. No osó replicar ni moverse. Soraya, en cambio, mantuvo la sonrisa tranquila. —Mira, mamá —dijo con voz suave, casi amable—. Afortunadamente, la abuela me entendió. Me dejó la independencia económica suficiente para alejarme de vuestro mundo. Tengo mis pisos, mis rentas, mi vida organizada. No dependo de vosotros, ni pienso hacerlo. La madre la miró con expresión de profunda decepción. —Te estás equivocando —insistió—. No sabes el daño que le haces a tu padre. Soraya alzó una ceja con cierta ironía. —Podemos llevarnos bien, mamá —respondió con seguridad—. Pero cada cual con su vida. Yo no soy como vosotros. Se produjo un silencio denso, solo interrumpido por el murmullo de tazas de café y platos moviéndose en la barra. La madre de Soraya suspiró, resignada, y apartó la mirada un momento. —¿Y él? —preguntó con frialdad, señalando apenas con la barbilla a Gabriel—. ¿Piensas seguir con esta… relación? Soraya entrecerró los ojos, con un destello de orgullo en la voz. —Gabriel está conmigo porque me hace feliz —declaró—. Y no pienso darte explicaciones. La madre suspiró de nuevo, incapaz de contener una mueca de desaprobación. Gabriel, mientras tanto, seguía quieto, con la respiración contenida y las manos en el regazo, sin atreverse a intervenir. La madre ...
... la observó un instante, midiendo sus palabras con el veneno justo para herirla. —Aunque estés… gorda —soltó con frialdad, sin molestarse en suavizar el tono—, podrías ir a una buena clínica, perder peso, arreglarte un poco. Habría montones de chicos decentes que se casarían contigo. No entiendo qué haces con este… Movió la cabeza con desprecio hacia Gabriel. Soraya parpadeó despacio, y durante un segundo pareció contener la respiración. Luego se giró, muy despacio, para clavar en su madre una mirada dura, implacable, cargada de resentimiento. —Tenéis dos hijos más te recuerdo—escupió con una calma escalofriante—, si son unos putos drogadictos y auténticos despojos humanos. No es mi culpa. Yo no tengo que pagar por vuestros fracasos. La madre se quedó petrificada, con la boca entreabierta. —Lo que me acabas de decir —continuó Soraya, con lágrimas empezando a resbalarle por las mejillas—, me demuestra por qué tengo que alejarme de vosotros. Gabriel no aguantó más; le rodeó los hombros con cuidado, atrayéndola hacia él en un gesto protector. Soraya, sin apartar la vista de su madre, se dejó sostener con la respiración temblorosa. —Este chico —dijo, alzando apenas la voz, para que quedara claro— me quiere. Me respeta. No tengo que esconderme con él. No tengo que fingir nada. Se incorporó ligeramente, secándose las lágrimas con el dorso de la mano. —Hasta aquí hemos llegado, mamá —sentenció, con un hilo de voz firme. La madre se removió incómoda, ...