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Otra pareja cualquiera
Fecha: 28/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: LIDIA, Fuente: TodoRelatos
... humillada, y no encontró palabras con las que responder. Soraya se levantó despacio, Gabriel la imitó, y salieron juntos de la cafetería dejando tras de sí nuevas huellas de rencor. En la calle, Soraya respiró hondo, recuperando el control poco a poco. Gabriel le acarició la espalda con delicadeza, sin atreverse a decir nada, sabiendo que ella necesitaba su espacio. Soraya alzó la mirada, con los ojos aún húmedos, y le dedicó una sonrisa rota pero auténtica. —Gracias, cosita —susurró—. Solo quédate conmigo. Gabriel asintió, abrazándola más fuerte, y supo con absoluta certeza que no pensaba separarse de ella nunca. La madre de Soraya salió de la cafetería con pasos cortos y tensos, la espalda erguida como un estandarte herido. Sus ojos aún brillaban con la rabia contenida del enfrentamiento con su hija, y al mismo tiempo con una chispa que casi parecía… alivio. Se acercó al coche aparcado en la esquina, un sedán negro impecable. Al abrir la puerta del copiloto, se dejó caer en el asiento de cuero con un suspiro de agotamiento. El hombre que conducía, de porte severo y cabello gris impecablemente peinado, la miró de reojo. —¿Qué tal ha ido? —preguntó con voz fría, medida. La mujer bajó la vista, tragando saliva. —Como esperabas, Amo —respondió en un murmullo sumiso. Él asintió despacio, sin apartar la vista del frente. —No importa —dijo, casi con desdén—. Nuestra hija sigue su propio camino. La respeto. No es como tú. No es como tus hijos. Es ...
... una lástima, pero contaba ya con ello. Soltó el aire con un suspiro contenido, con una dureza que helaba el ambiente. —Ya volveremos a tentarla —añadió, con una mueca apenas perceptible—. Ahora cuéntame lo que de verdad me importa. La mujer titubeó un segundo, y luego, obediente, se acomodó en el asiento, alzando un poco la falda de su vestido. No llevaba bragas y de sus sexo sobresalían unas cuantas cuentas de un rosario de un rosario. —El padre… ha bendecido este rosario con agua bendita y él mismo me lo ha… insertado —musitó con la voz entrecortada—. Lo llevo dentro. Los ojos del hombre chispearon con un destello de puro deseo. —Pero no me apaga el demonio que me domina —susurró ella, con un estremecimiento, dejando escapar un gemido breve, sucio, mientras se removía sobre el asiento de cuero. —Eres una sucia ramera, no sé quién me provoca más asco, tú o tus malogrados hijos. En casa te daré lo que mereces. —Lo anhelo, Amo —musitó ella. Él sonrió apenas, antes de arrancar el coche y perderse en las calles silenciosas del domingo. La tarde había caído con lentitud sobre el piso en penumbra. Soraya seguía sentada en el sofá, mirando el televisor sin ver realmente nada, con el gesto apagado y el corazón aún herido por las palabras de su madre. Jugaba distraída con el mechón rubio de su flequillo, mientras su mente repasaba la conversación, sintiendo un nudo pesado en la garganta. De pronto, escuchó un leve roce en el pasillo. Al girar la cabeza, ...