1. Otra pareja cualquiera


    Fecha: 28/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: LIDIA, Fuente: TodoRelatos

    ... se animó a proponerle:
    
    —Cariño, ¿te apetece salir a dar un paseo? Yo podría hacer mis diez kilómetros, y tú podrías caminar mientras tanto…
    
    Soraya no era especialmente deportista, pero valoraba que él mantuviera su físico a punto. Alzó una ceja, pensativa, y asintió con desgana.
    
    —Vale, pero no esperes que me canse siguiéndote —advirtió—. Caminaré a mi ritmo.
    
    —Perfecto, cariño —respondió él, aliviado.
    
    Gabriel se puso su ropa de correr, la que a Soraya le encantaba: unas mallas deportivas negras que marcaban con claridad su paquete y la línea de sus abdominales firmes. Soraya eligió un vestido veraniego de flores, fresco y escotado, que resaltaba sus pechos generosos y su vientre suave con un descaro natural.
    
    Salieron a la calle con el aire de la mañana ligeramente fresco. Gabriel comenzó a calentar y, cuando empezó a trotar, Soraya sacó el móvil y empezó a mandar audios con voz segura, sin inmutarse:
    
    —Sí, mamá, ya estamos en la calle… Gabriel va a correr, sí, ya sabes, mi conejito… —rió suavemente mientras lo miraba alejarse—. Yo me daré una vuelta, pero tranquila que yo no corro ni para buscar dinero… ja, ja, ja
    
    Después envió otro mensaje de audio a una amiga, comentando planes, entre caladas a su cigarrillo, con total naturalidad. Caminaba despacio, con el vestido meciéndose suavemente y la mirada altiva, mientras Gabriel completaba una serie de kilómetros a su alrededor, pendiente de ella de reojo, como un perrito obediente.
    
    Cuando Gabriel ...
    ... terminó sus diez kilómetros, estaba sudoroso y con el corazón acelerado. Se acercó al banco donde Soraya descansaba, con el móvil aún en la mano.
    
    —He… terminado —dijo, intentando normalizar el jadeo.
    
    Soraya le lanzó una mirada cargada de picardía.
    
    —Bien, conejito —respondió con voz dulce y autoritaria—. Mira allí, entre esos árboles… —señaló un grupo de pinos junto al paseo fluvial.
    
    Gabriel frunció el ceño.
    
    —¿Para qué?
    
    Pero ella ya se estaba levantando, tirando de él sin darle opción a replicar.
    
    —Ven conmigo —ordenó con toda la calma del mundo.
    
    Al llegar a la zona de sombra, con algo de intimidad, Soraya le indicó con un dedo:
    
    —Apoya las manos en ese tronco.
    
    Gabriel obedeció con un escalofrío, mirando alrededor para comprobar que no había nadie. Soraya se colocó detrás de él, bajándole las mallas deportivas hasta las rodillas. El aire fresco de la mañana le hizo temblar, y la mano de Soraya no tardó en agarrar sus huevos sudados, estrujándolos con rudeza y acariciando la polla ya semierecta.
    
    Llevó la mano a su nariz, cerró los ojos y aspiró con deleite.
    
    —Me encanta cómo hueles después de correr —murmuró, relamiéndose.
    
    Gabriel tragó saliva, inquieto.
    
    —Qué… qué haces, Soraya… aquí puede pasar gente…
    
    Ella sonrió con crueldad suave, y sin más, se arrodilló y comenzó a lamerle la polla, acariciándola con la lengua, succionando con ritmo pausado pero firme. Gabriel gimió, intentando no perder el equilibrio.
    
    —Soraya… por favor… que pueden ...
«12...567...15»