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Cuando descubrí el otro lado del placer
Fecha: 31/05/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... burló, mirándome por encima del hombro—. ¿Qué pasa, que ahora te has vuelto fino? Dilo como es: tengo un culazo que tira pa' atrás. Y ahora mismo está pidiendo a gritos que le des un buen repaso. Tragué saliva mientras desenrollaba el preservativo sobre mi miembro, que palpitaba con anticipación. Abrí el bote de lubricante y vertí una generosa cantidad sobre mis dedos. —¿Sabes? —comenté mientras acercaba mi mano a su entrada—. En mis tiempos esto se hacía con saliva y mucha paciencia. —En tus tiempos también se cazaban mamuts con lanzas de piedra —replicó, soltando otra carcajada—. Menos cháchara y más acción, que no estamos en una reunión de consejo de administración. Acerqué un dedo a su ano y comencé a masajear suavemente el anillo de músculos, sintiendo cómo se tensaba inicialmente para luego relajarse bajo mi tacto. —Relájate —susurré, introduciendo lentamente la punta del dedo—. No quiero hacerte daño. —¿Hacerme daño tú a mí? —resopló con sorna—. Que he estado en la Legión, maño. He cagado piedras en el desierto y he follado con tíos que parecían caballos percherones. Tu 'minguilla' no me va a partir por la mitad. A pesar de sus palabras desafiantes, noté cómo se estremecía cuando mi dedo se deslizó completamente en su interior. Su cuerpo entero se tensó por un momento, y luego exhaló lentamente, adaptándose a la intrusión. —¿Minguilla? —protesté, introduciendo un segundo dedo y comenzando a moverlos en círculos—. Creo que estás siendo injusto ...
... con mi equipamiento. Emilio gimió suavemente cuando mis dedos encontraron su próstata, su cuerpo arqueándose involuntariamente hacia mi mano. —Vale, vale —concedió con voz entrecortada—. Retiro lo dicho. Tienes una herramienta... más que decente para un señor de tu edad. Continué preparándolo, mis dedos entrando y saliendo con movimientos lentos y deliberados, girando y separándose para dilatarlo adecuadamente. El lubricante hacía que todo fuera más fluido, más resbaladizo, y pronto mis dedos se deslizaban sin resistencia. —¿Un señor de mi edad? —repetí, inclinándome para morder suavemente una de sus nalgas, dejando una marca rojiza en la piel pálida—. Te recuerdo que este "señor" te va a dar una lección que no olvidarás fácilmente. —Eso está por ver —me desafió, empujando su trasero contra mis dedos, buscando más profundidad—. De momento solo veo mucho calentamiento y poca faena. Retiré mis dedos y me coloqué detrás de él, alineando mi miembro con su entrada lubricada. Apoyé una mano en la parte baja de su espalda, justo donde comenzaba el valle entre sus nalgas, y con la otra guié mi verga hacia su ano. —¿Listo? —pregunté, presionando ligeramente. Emilio giró la cabeza, y nuestras miradas se encontraron. A pesar de su postura vulnerable, había una fuerza indomable en sus ojos claros. Pero también, sorprendentemente, una dulzura que contrastaba con su apariencia ruda. Su miembro, completamente erecto, colgaba pesadamente entre sus muslos, con el glande ...