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Cuando descubrí el otro lado del placer
Fecha: 31/05/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... hinchado y amoratado por la excitación. —Más que listo —respondió con una sonrisa que suavizó sus facciones—. Venga, Roque, hazme tuyo. Como llevas soñando desde que me has visto en la sauna. Empujé lentamente, sintiendo cómo la resistencia inicial cedía gradualmente. El calor y la presión alrededor de mi miembro eran casi insoportables, tan intensos que tuve que detenerme varias veces para no correrme inmediatamente. —Joder, Emilio —jadeé, mis dedos clavándose en sus caderas—. Estás tan estrecho que voy a durar menos que un caramelo en la puerta de un colegio. —Pues aguanta, coño —gruñó, su voz tensa por la mezcla de placer y dolor—. Que no has venido hasta Barcelona para dejarme luego a medias. Continué avanzando hasta que estuve completamente dentro de él. Nos quedamos inmóviles por un momento, ambos adaptándonos a la sensación, nuestras respiraciones sincronizándose gradualmente. Los muslos de Emilio, cubiertos de un vello oscuro y espeso, temblaban ligeramente por el esfuerzo de mantener la posición. Su espalda ancha se estrechaba hacia la cintura en una V perfecta, y las cicatrices que la cruzaban brillaban tenuemente bajo la luz difusa de la habitación. —Muévete —ordenó finalmente, su voz grave reverberando en el silencio—. Y no te cortes. No soy de cristal. Comencé a moverme, primero con embestidas lentas y medidas, estableciendo un ritmo constante. Pero pronto, alentado por los gemidos cada vez más intensos de Emilio, aumenté la velocidad y la ...
... fuerza. —Así... así... —jadeaba Emilio, su voz entrecortada por el placer, mientras empujaba hacia atrás para encontrarse con cada una de mis embestidas—. Más... más fuerte, joder. Como si... quisieras... partirme en dos. Sus palabras, pronunciadas entre gemidos y respiraciones entrecortadas, eran como brasas ardientes que avivaban mi deseo. Podía ver cómo su espalda ancha se arqueaba con cada movimiento, cómo los músculos bajo su piel tatuada se tensaban y relajaban en una danza hipnótica. Su nuca y sus hombros, normalmente de un tono bronceado, ahora estaban teñidos de un rojo intenso que se extendía hasta su cabeza rapada, brillante por el sudor. —¿Así? —pregunté, aumentando la intensidad, fascinado por la visión de mis caderas chocando contra sus nalgas poderosas, que temblaban con cada impacto. —Sí... joder, sí... —respondió con un gemido gutural—. Llevo... más de diez años... soñando con esto. Con sentirte... dentro... justo así. El sonido húmedo de nuestros cuerpos encontrándose, el aroma almizclado que impregnaba el aire, la visión de mi miembro entrando y saliendo, envuelto en el preservativo brillante por el lubricante... todo se combinaba en una sinfonía sensorial que me transportaba a un estado de conciencia alterado, donde solo existíamos nosotros y este momento. —Es... increíble —logré articular, sintiendo cómo cada nervio de mi cuerpo vibraba con una intensidad desconocida—. Nunca había sentido... algo así. —Ni yo... —respondió, girando la ...