1. Cuando descubrí el otro lado del placer


    Fecha: 31/05/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos

    ... cabeza para mirarme por encima del hombro, sus ojos claros nublados por el placer—. Es como si... mi cuerpo hubiera estado esperándote... toda la vida.
    
    Podía sentir cómo su interior me abrazaba, cálido y acogedor, cómo cada pequeño movimiento desencadenaba oleadas de placer que recorrían mi columna vertebral. Las cicatrices en su espalda, testigos silenciosos de su pasado, parecían bailar bajo la tenue luz mientras su cuerpo entero se estremecía con cada embestida.
    
    —No pares... —suplicó, su voz apenas un susurro ronco—. Por favor... no pares...
    
    Sus palabras encendieron algo primitivo dentro de mí. Toda la contención, toda la civilización que había construido durante décadas de vida burguesa, se desvanecieron en un instante. Me convertí en puro instinto, en deseo animal, en fuerza bruta.
    
    Mis caderas se movían como pistones, golpeando contra sus nalgas con un sonido húmedo y obsceno que llenaba la habitación. El lubricante que había usado generosamente hacía que cada penetración fuera más fluida que la anterior, permitiéndome llegar más profundo, más duro.
    
    —Joder, Roque —gruñó Emilio, su voz apenas reconocible—. Si me hubieras follado así hace dieciocho años, nunca habría dejado el pueblo.
    
    Esas palabras, junto con la visión de su cuerpo poderoso sometiéndose al mío, fueron demasiado para mi control. Sentí cómo el orgasmo se construía desde la base de mi columna, una ola de placer imparable que amenazaba con arrastrarlo todo a su paso.
    
    —Me voy a correr ...
    ... —advertí, mis palabras entrecortadas por el esfuerzo—. No puedo... aguantar... más.
    
    —Hazlo —respondió, su propia mano moviéndose frenéticamente sobre su miembro—. Córrete dentro. Quiero sentirte hasta el último espasmo.
    
    Con una última embestida brutal, me hundí completamente en él y me dejé ir. El orgasmo me sacudió con una intensidad que me dejó ciego y sordo a todo excepto a la sensación de mi semen llenando el preservativo, de su cuerpo apretándose alrededor de mi miembro en espasmos rítmicos.
    
    Sentí cómo Emilio se tensaba debajo de mí, su cuerpo entero convulsionándose mientras alcanzaba su propio clímax. Su semen salpicó las sábanas en chorros calientes y abundantes, mientras un gruñido animal escapaba de su garganta.
    
    Nos derrumbamos juntos sobre la cama, exhaustos y jadeantes, nuestros cuerpos aún unidos, palpitando al unísono como si compartieran un solo corazón.
    
    —Madre mía, maño —murmuró Emilio después de un largo silencio, su voz amortiguada contra la almohada—. Para ser un ejecutivo de corbata, follas como un camionero en su última parada antes de llegar a casa.
    
    No pude evitar reírme, un sonido que salió más como un jadeo agotado que como una verdadera carcajada.
    
    —Y tú —respondí, besando suavemente su hombro—, para ser un legionario curtido, gimes como una colegiala en su primera vez.
    
    Se giró para mirarme, una sonrisa perezosa extendiéndose por su rostro.
    
    —Será nuestro secreto —dijo, guiñándome un ojo—. Como tantos otros que compartimos.
    
    Y ...