-
El Crimen del Colibrí. Parte 4
Fecha: 01/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Julian Torres, Fuente: TodoRelatos
... bragas puestas de Claudia. El culo de la valenciana quedó enfangado de semen y tela de encaje, y comenzó a esparcirse como hilillos de ríos que bordearon la piel suave de ella. El reloj punteaba ya las ocho y media. Claudia se había vestido y preparado para marcharse de vuelta a su casa y fingir que venía desde mucho más lejos, pero una vez más había acabado con el rabo de Ignacio entre las piernas. El deseo de los cuerpos de los amantes era irrefrenable y cada día batían el récord de coitos totales. En el pollo de la cocina, en el cuarto de la lavadora, en el sillón de la sala, la ducha o por supuesto la cama. Cualquier cosa que llevaran a cabo juntos acababa en sexo desenfrenado, y más cuando debían despedirse. Claudia ya se había maquillado y vestido, y estaba a punto de salir por la puerta cuando Ignacio la agarró por la cintura y la empotró contra la pared. Antes de que le levantara la falda el coño de la valenciana ya escupía sus babas transparentes de lujuria. Claudia tenía las manos apoyadas contra el muro y había puesto el culo en pompa. De espaldas a él, tratando de que su maquillaje y su peinado no acabaran destartalados en esta ocasión. El ingeniero había vuelto a estirar las bragas rojas de encaje y tenía su miembro entre ambas nalgas, frotándolo de arriba abajo. —¿Te pasarás mañana otra vez? —le preguntó él mientras apartaba las bragas rojas de nuevo para dejar libre la vagina de ella. De poco le valió la acción, ya que estas estaban menos firmes y ...
... apenas se apartaban si no se seguían agarrando. Lo cierto era que las bragas parecían ya un saco roto. Claudia había notado como se habían alargado las costuras bastante, ya que estas bailaron en sus caderas de forma incómoda cuando se las volvió a poner. Ignacio la folló con ellas puestas la primera vez y acabaron estirándose demasiado hasta ganar dos tallas por lo menos, de manera que ahora no se ajustaban y molestaban al ingeniero en el coito. En su desesperación las arrancó de un manotazo rompiéndolas por la mitad y las tiró a un lado. A Claudia le dio pena que sus bragas acabaran así, pues habían sido un regalo reciente de reyes de su marido, y era la primera vez que se las ponía. Aunque, por otro lado, el gesto brusco la había puesto muy cachonda, y provocó que se sintiera como una fulana y abriera las piernas de forma obscena. —No puedo los fines de semana —le recordó ella con voz jadeante por la excitación —. Solo entre semana después de que llegue del trabajo. El ingeniero metió su miembro al fin en el coño jugoso de su amante y la introdujo palmo a palmo con mucho placer, siguiendo hasta que el cabezón de su miembro llegara hasta el final de la vagina de ella. —Pero hoy has venido estando tu familia en casa. ¿No se te puede ocurrir algo igual para mañana? Claudia suspiró y volvió a negar con la cabeza. —Lo de hoy ha sido una excepción, pero no puede ocurrir más. Solo podemos cuando mi marido y mis hijos estén fuera —insistió mientras cerraba los ...