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El Crimen del Colibrí. Parte 4
Fecha: 01/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Julian Torres, Fuente: TodoRelatos
... ojos y sentía como el miembro de su amante avanzaba centímetro a centímetro. Se lamió los labios antes de volver a hablar —. Además, mañana vamos a estar en el Retiro, y luego almorzaremos en algún restaurante. Ignacio comenzó a ganar velocidad y su polla fue devorando el coño de Claudia con impetuosidad. La valencia giró la cabeza dos veces en los siguientes minutos asegurándose de que no se iba demasiado la hora, pero se dijo que había dicho a su marido que llegaría antes de las nueve, así que, aunque llegara a las ocho y cincuenta y cinco, seguiría cumpliendo con su palabra. Justo cuando ella expiraba una bocanada de aire de sus pulmones de satisfacción plena varios estampidos fuertes e impetuosos sonaron en la puerta. Casi parecía que habían dado puñetazos. Ambos se sobresaltaron por los golpetazos, pero Ignacio casi pareció entrar en pánico durante un momento. Se quedó paralizado mirando hacia la entrada con ojos abiertos como platos, al tiempo que había retirado su miembro de la vagina de ella. La valenciana ya había visto esa misma reacción a lo largo de la semana. No era la primera vez que tocaban o llamaban, y en todas ellas el ingeniero no había reaccionado de ningún modo. Solo ignorando el acontecimiento. En un principio Claudia lo había agradecido desde la perspectiva de la discreción, e incluso había pensado que eran consideraciones de Ignacio hacia ella. Pero había llegado a distinguir el miedo en los ojos de su amante. De hecho, era habitual en el piso ...
... de Ignacio que el teléfono estuviera descolgado, o las persianas y cortinas pasadas todo el día. El ingeniero apenas salía del edificio y Claudia sabía que él tenía un arma cargada en la casa. Además, había instalado recientemente una mirilla en la puerta de la entrada. Un nuevo golpeteo volvió a sacudir la madera de la puerta. La valenciana se dio la vuelta, preocupada al observar cómo Ignacio bajaba la vista al suelo y trataba de simular despreocupación. Ella se preguntó quién podría ser el desaprensivo que tanto le inquietaba. Con mucha curiosidad Claudia se acercó a la mirilla de la puerta y observó tras ella. Había un hombre alto y fuerte con gabardina negra y un sombrero que le cubría casi todo el rostro, dejando solo la barbilla y la boca al descubierto. Tenía un cigarrillo en los labios y estaba cruzado de brazos. A ella no le sonaba de nada, y reconoció que ciertamente tenía un aspecto siniestro. Inmediatamente el ingeniero sujetó a Claudia por los hombros y la retiró para atrás con alarma en su rostro. Se la llevó a la cocina en completo silencio y se encerró allí con ella. Unos nuevos toqueteos sacudieron la puerta insistentemente. —¡¿Qué haces?! —le recriminó él en voz muy baja. —Solo miraba a ver quién era —susurró ella —. Para eso es la mirilla, ¿no? —Desde el otro lado se puede intuir cuando alguien mira. Así le estás diciendo que hay alguien en la casa —le reprochó él, enfadado. Emoción que Ignacio nunca había mostrado ante Claudia. —Perdona ...