1. El Crimen del Colibrí. Parte 4


    Fecha: 01/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Julian Torres, Fuente: TodoRelatos

    ... oportunamente.
    
    Tras llegar a la entrada sujetó el picaporte y lo giró. La periodista abrió la puerta con miedo, y tan pronto una parte de esta quedó abierta vio la figura de su marido de espaldas, mientras miraba a la izquierda con la intención de irse. Claudia abrió los ojos como platos con un pánico mudo que casi la hace desmayar del tirón. Se le formó un nudo en el estómago tan grande que la hizo doblar y permitió que reaccionara y se escondiera tras la puerta a medida que la abría. Todo antes de que su marido se diera la vuelta ahora que veía que habían abierto.
    
    La valenciana colocó su espalda junto a la pared mientras temblaba de terror. La puerta la tapaba, pero no había nadie para recibir a Pedro. Claudia tenía las manos temblorosas y su cuerpo no reaccionaba. Por puro instinto empujó la puerta torpemente para que esta se cerrara, pero el gesto fue tan ineficiente que apenas se cerró un palmo muy lentamente.
    
    Pedro frunció el ceño, extrañado porque la puerta se hubiera abierto y no hubiera nadie al otro lado. Y cuando vio que se comenzaba a cerrar lentamente la sujetó.
    
    —Hola —llamó al apartamento en sí, como si hablara con un fantasma —. ¿Hay alguien?
    
    Pedro tenía un pie dentro del apartamento, pero no se movía, e inmediatamente entró en la sala Ignacio, que había reconocido la voz de su vecino. Llevaba solo un albornoz encima, y tras él estaba desnudo. Pero actuó como si nada y mostró su mano a su nuevo huésped con total hospitalidad.
    
    —¿Pedro? Qué ...
    ... sorpresa.
    
    Pedro dio otros dos pasos dentro del piso para dar la mano con educación a su vecino. Claudia sintió como su marido había entrado en el apartamento, y sujetó el picaporte discretamente para que ni el viento hiciera que la puerta se cerrara mientras ella la necesitara para esconderse.
    
    —¿Quién ha abierto la puerta? —preguntó todavía desconcertado.
    
    —Desde que me pusieron la mirilla se abre sola, a veces. Tengo que llamarles de nuevo para que me la arreglen.
    
    Pedro frunció el ceño muy confuso. Miró la puerta de arriba a abajo sin entenderlo.
    
    —¿Qué tiene que ver la mirilla con el picaporte?
    
    —Justamente eso es lo que quiero averiguar. Te prometo que antes no pasaba —comentó con su mejor sonrisa —. Por cierto. ¿No has visto a otro tipo que estaba aquí justo ahora?
    
    —Pues sí. He salido porque los estampidos que daba a tu puerta comenzaban a ser molestos, pero ya estaba marchándose cuando salí de mi casa. Me miró y luego se fue —detalló —. Parecía un tipo muy siniestro. ¿Quién es?
    
    —No lo sé —negó Ignacio con gesto sincero —. Creo que me debe haber confundido con alguien. Por eso no le he abierto.
    
    En ese momento Pedro se fijó en las bragas rojas que estaban a pocos pasos a la derecha, en el suelo. Se fijó en el encaje y la suave tela, y las reconoció de inmediato.
    
    —La dependienta de la boutique me aseguró que era una prenda única hecha a mano —dijo mientras señalaba la prenda interior femenina y luego negaba con la cabeza —. Qué embustera. En menos de ...