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El Crimen del Colibrí. Parte 4
Fecha: 01/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Julian Torres, Fuente: TodoRelatos
... un mes ya veo otras iguales. Hoy en día todo el mundo quiere venderte lo que sea, y no les importa mentir con ello. Claudia cerró los ojos al borde de un ataque de nervios una vez se dio cuenta de que hablaba sobre las bragas de encaje rojas que le había regalado su marido. No había tenido tiempo de recogerlas. Ignacio, sin embargo, se encogió de hombros y dio la razón a su vecino. —Totalmente de acuerdo. Creo que mi novia las compró en un centro comercial, así que imagínate. Ya todo se hace a gran escala para abaratar costes. —Pues a mí me costó un ojo de la cara —se quejó él. —Sí, son de buena calidad. Y muy suaves —le aseguró para luego hablar en tono jocoso —. Pero se rompen con facilidad, así que no te aconsejo que hagas el amor con tu mujer con ellas puestas. Pedro carraspeó incómodo porque hubiera mencionado a su mujer y su vida íntima en esos términos. —Ya —indicó finalmente con desinterés para a continuación endurecer el rostro y cambiar de tema —. Por cierto, quería aprovechar y hablar contigo sobre una cosa. A Claudia se le hizo un nudo en la garganta por el miedo. En un instante pensó que la habían reconocido de algún modo y eso la puso muy nerviosa. —Tu dirás, vecino —dijo Ignacio. —¿Podrías contenerte un poco con tu novia? Al menos por la tarde. Mis hijos suelen estar en la sala cuando vienen del colegio. La valenciana apretó la mandíbula consternada por la acusación, siendo consciente en ese momento de la gravedad de su proceder ...
... de cara a su familia. Sus hijos habían tenido que escucharla, aunque no supieran exactamente que se tratara de ella, follando con el vecino. —Ah, entiendo —comentó el ingeniero un poco incómodo. —Mis pequeños están en una edad muy mala. A punto de empezar la pubertad, y no quiero que estén escuchando cosas semejantes tan alto y desde tan temprano. —Comprendo. No sé qué decir —volvió a insistir —. Intentaré contenerme un poco. —Te lo agradecería. Y deberías cambiar de cama. Chirría como mil demonios. Ignacio puso su mano detrás de la cabeza al tiempo que sonreía discretamente. Claudia trataba incluso de no respirar y cada vez se ponía más nerviosa. Su mayor temor era desmayarse, porque así se descubriría tras desplomarse. Sus manos sudorosas seguían sujetando el picaporte, pero le temblaban y le dio la impresión que iba mecer la puerta con su tembleque. Ignacio, sin embargo, simulaba tranquilidad y volvió a asentir a su vecino. —Tienes razón. Será de las primeras cosas que haga. Pedro suspiró y asintió también con cordialidad. —De acuerdo. Me alegro de haberte vuelto a ver —dijo finalmente mientras le ofrecía de nuevo su mano. Tras el apretón, Pedro se dio la vuelta —. Cuídate. —Lo mismo digo. Ignacio se dispuso a cerrar la puerta y la valenciana soltó el picaporte para que pudiera hacerlo. Tras la puerta se encontraba una Claudia tiritando como un flan. De hecho, su amante tuvo que prepararle una tila para que esta se calmara, pues no podía ir así ...