1. Una semana Como perra


    Fecha: 02/06/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: todoPet, Fuente: TodoRelatos

    ... fuerza, haciéndome caer. “Vamos, perra, que no tienes toda la noche”. Me levanté como pude, con las rodillas doloridas, y seguí gateando, desesperada por complacerlos.
    
    El cansancio empezó a pesar pronto. Mis rodillas estaban enrojecidas, a pesar de las rodilleras, y mis hombros protestaban por el esfuerzo de gatear. La jaula se sentía más pequeña cada vez que me encerraban, y el frío del garaje se colaba en mis huesos. Había momentos en los que quería gritar, pedirles que pararan, pero algo en mí se resistía. Quería demostrarles que podía ser su perra perfecta, que podía soportar lo que me pidieran. Laura lo sabía, y usaba ese deseo contra mí. Una vez, durante la comida, me dio un cuenco con sobras que habían estado en el suelo toda la mañana. Había pelos de Max pegados al arroz, y el olor era rancio. “Come, perra. No vas a desperdiciar comida”, dijo, con un cronómetro en la mano. “Si no terminas en un minuto, no comes”. Me lancé al cuenco, lamiendo desesperadamente, sintiendo los granos de polvo y los pelos en mi lengua. Terminé jadeando, con la cara cubierta de comida, mientras ella se reía. “Qué desastre de perra. Ni para comer sirves”. Mis pechos estaban manchados, mi cabello pegajoso, y yo solo podía bajar la mirada, sintiendo la humillación quemándome por dentro.
    
    La rutina se repetía, pero cada día traía una nueva forma de degradarme. En un momento, Laura decidió que no bastaba con hacerme gatear o comer del suelo. Me llevó al patio, con la correa tensa, y me ...
    ... ordenó ponerme a cuatro patas y levantar una pierna, como un perro de verdad. “Haz tus necesidades, perra”, dijo, con voz fría. Tuve que orinar así, con la grava pinchando mis rodillas, el sol calentando mi piel, su mirada fija en mí. “Qué ridícula estás, Elena. Ni siquiera eres una buena perra”. Sentí las lágrimas correr por mis mejillas, pero no dije nada. Mi cuerpo, otra vez, me traicionó: estaba mojada, excitada, a pesar de la vergüenza. Luego, me hizo gatear en círculos, más rápido, mientras ella grababa con su móvil. “Mira qué perra tan obediente”, dijo, riéndose. “Voy a enseñárselo a mis amigos”. La idea de que alguien más viera ese vídeo me hizo temblar de vergüenza, pero también de excitación. Me ordenó tumbarme boca arriba y “jugar muerta”. Me quedé allí, con las piernas abiertas, los pechos expuestos, sintiendo el sol en mi piel y sus risas en mis oídos. “Qué perra tan patética”, dijo Laura, y yo sentí las lágrimas otra vez, pero no lloré.
    
    Otra vez, me llevaron al salón para “jugar”. Miguel me lanzó una pelota de goma, y tuve que perseguirla gateando, con mis pechos balanceándose, mi culo en el aire. Cada vez que no llegaba a tiempo, me daba un azote con una fusta en el culo o los muslos. “Eres patética, Elena. Hasta Max lo hace mejor”. Los azotes no eran fuertes, pero la humillación me quemaba. Luego, me ordenó tumbarme boca arriba y “rodar”. Lo hice, sintiendo el suelo frío contra mi piel, mis pechos aplastados, mi cabello enredado. “Buena perra”, dijo Miguel, ...
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