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Intercambio entre hermanas - completo (cap. 03)
Fecha: 04/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Abel Santos, Fuente: TodoRelatos
... rostro ardiendo—. Justamente habíamos ido Marta y yo a vuestra casa para ayudar a tu padre a hacer los trámites de su venta y la compra de la nueva de la avenida Diagonal, y aprovechábamos para pasar allí unas cortas vacaciones. Ana me miraba alucinada y no movía ni una pestaña. —El caso es que un día Marta y yo salimos cada uno por su lado. Ella con varias amigas del colegio y yo a dar una vuelta por el campo del Barça con un tour guiado que me había regalado tu hermana. »Pasé la mañana haciendo turismo, visitando el estadio, y luego comí por ahí. Volví a vuestra casa a eso de las siete. Era en febrero y anochecía muy pronto. Sin embargo, al entrar en la casa con las llaves que me habían dejado tus padres, todas las luces estaban apagadas, a excepción de un resplandor tenue que provenía del fondo del pasillo. »Dejé los zapatos en el armario de la entrada, como le gustaba a tu madrastra, y recorrí descalzo sobre la moqueta la distancia que había desde el hall hasta la luz, que resultó provenir de tu habitación. —Vaya historia… —dijo envolviéndose a sí misma con los brazos desnudos—. Parece de miedo… Hasta me están entrando escalofríos. —Pues espera lo que viene… —le dije suspirando—. Y vas a ver lo que son escalofríos de verdad. Ana sonrió y yo le di otro sorbo al tequila antes de proseguir. —Oí una especie de gruñidos, gemidos… o algo parecido, y los interpreté como risas ahogadas. Recordé que Marta y tú os lo pasabais genial jugando a las ...
... cosquillas e imaginé que estaríais las dos enredando en tu cuarto. »Al llegar a tu habitación, observé que la puerta estaba entornada, pero no cerrada. Por la ranura que formaba la puerta con el marco salía la luz que me había guiado hasta allí. Miré por ella y no divisé a nadie. Los ruidos se habían apagado, igualmente. —Mira… —Ana volvió a interrumpirme para enseñarme la piel de gallina de sus brazos. Reí condescendiente y seguí relatando. En unos segundos aquella piel iba a erizarse de veras. —Me disponía a seguir camino en dirección hacia mi habitación —continué—, cuando lo que observé a través de la ranura de las bisagras de la puerta me dejó paralizado. Por aquel pequeño hueco, había una completa visión del sofá de dos plazas que había enfrente de tu cama, ¿lo recuerdas? —Sí, lo recuerdo perfectamente… —respondió—. De hecho, ese sofá lo tengo todavía en casa de mis padres. Pero… continua, por favor… ¿Qué es lo que viste que te dejó paralizado…? —Te vi a ti, Ana… —dije, temeroso de lo que pasaría a continuación. —¿A mí…? —sonrió—. Pues vaya notición. Resulta que me viste a mí en mi habitación… Algo de lo más increíble, Fran, ya te digo… —Ya… vale… —sonreí, lobuno—. Pero lo que no sabes es lo que vi que hacías… —No… fastidies… —se incorporó sobre el sillón y, clavando una rodilla en él acercó de nuevo su cara a la mía—. ¿Qué… estaba haciendo…? —Pues te lo puedes imaginar… —dije despacio y casi sin mirarla—. Te estabas… tocando… —Joder, Fran… —dijo ...