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Ayuda entre hermanas (FINAL)
Fecha: 08/06/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos
... aguardaba en una posición idéntica a mí, y me miraba con desconcierto. Sonreí, al final, parecía que nuestro estúpido plan había valido la pena, nuestra infantil idea había… La palma de mamá, con una aceleración más que constante, se estampó violentamente contra mi nalga derecha. La sorpresa y el dolor me arrancaron un gemido involuntario. —Auch — gemí, cuando el dolor se solidificó en un área caliente sobre mi piel. — Pero antes… tienen que entender algo — dijo mamá mientras se caminaba de detrás mío a detrás de Diana — acá mando yo, y ustedes obedecen, ¿entendido? Antes de que ninguna de las dos pudiera contestar, la palma de mamá azotó con misma intensidad el trasero de mi hermana, quien también gimió, pero de manera distinta… mucho más erótica que yo. Bárbara no dio tregua. El siguiente azote cayó en la nalga izquierda de Diana. El sonido fue seco, violento, tan fuerte que las paredes debieron haberlo escuchado. Diana no lloró ni gritó, sólo tuvo un espasmo, como si el dolor la disparara al centro de la tierra y de regreso. Mamá alternó el castigo: mi culo, su culo, mi culo, su culo. Cada bofetada era peor que la anterior. Había un cálculo sádico en la alternancia, como si quisiera que ninguna de las dos pudiera predecir el ritmo ni dormirse en el dolor. Me di cuenta de que estaba mojada, de que la humedad chorreaba bajando por mis muslos, y que el dolor no era dolor sino otra cosa: algo que sólo podría nombrar como electricidad ...
... sexual. Finalmente llegó la amnistía. —Dense la vuelta y siéntense en la cama — resonó la voz de mamá. Diana y yo lo hicimos. Pude ver, entonces, que ella también frotaba ambos muslos, intentando vanamente estimularse. —Ahora sí…— anunció mamá. Y al decirlo, llevó las manos al botón más alto de su blusa. Con una calma metódica, fue desabotonando su blusa hasta llegar al final. Luego se despojó de ella, dejando al descubierto esos pechos enormes apenas contenidos por el brasier. Mamá llevó las manos a los botones de su pantalón, los cuales descubrieron, al ser abiertos, unas piernas torneadas y un culo de verdadero campeonato. Los labios de su vagina se alcanzaban a ver a través de la mojada tela de sus bragas. Al parecer, Diana y yo no éramos las únicas que se mojaban con este teatro del castigo. Me di cuenta de que tanto mi hermana como yo conteníamos la respiración al ver a mamá frente a nosotros: era como una diosa sexual visitándonos en nuestro improvisado santuario al placer. Finalmente, como la calma después de la tormenta, mamá llevó las manos a su cadera y con una sádica lentitud llevó sus bragas a sus tobillos, al hacerlo e inclinarse, sus tetas se bambolearon hipnóticamente, arrulladas por la fortaleza del sostén que las contenía. Mi respiración iba a 200 kilómetros por hora. Después, como es el orden natura de las cosas, mamá finalmente llevó las manos a su espalda y con suavidad separó las aguas al abrir el broce del brasier y dejarlo caer sin ...