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Ayuda entre hermanas (FINAL)
Fecha: 08/06/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos
... rápido. El jueves. Papá llegó del trabajo y se metió directo a la regadera. Se desvistió en su cuarto, como siempre. Diana y yo esperamos, apostadas en el pasillo, los corazones saltando como grillos en un jardín seco. Cuando escuchamos la puerta del baño abrirse, supimos que era ahora o nunca. Diana caminó primero. Yo la seguí. Papá estaba parado en boxer, de espaldas, revisando el clóset para buscar una camisa. Se giró al escuchar la puerta abrirse. Nos vio, y la sorpresa le dejó la cara en blanco. —¿Qué pasa, chicas? —preguntó, sin entender. Diana no contestó. Se acercó, decidida. Se le plantó enfrente, a escasos centímetros. Yo quedé a un lado, el corazón haciéndome un nudo en la garganta. —Necesitamos decirte algo —dijo Diana, y antes de que papá pudiera responder, le puso las manos en el pecho. Yo quedé inmóvil. Miré la escena como si fuera un video que no podía pausar. Diana apretó el pecho de papá, fuerte, como si quisiera chequear si el músculo era real. Él no se movió, solo tragó saliva. Yo me acerqué, casi por instinto, y también toqué su piel. Era caliente, áspera, y olía a jabón y sudor fresco. Diana deslizó la mano hasta el abdomen, luego hasta la cintura, luego hasta el elástico del boxer. Papá parpadeó varias veces, pero no hizo nada por detenerla. La mano de mi hermana bajó, se perdió en el interior de la tela, y en ese segundo, Nico supo que estaba derrotado. —Si quieres, puedes decir que no —dijo Diana, apenas en un ...
... susurro. Papá no dijo nada. Solo la miró a los ojos. Luego, me miró a mí. —¿Tú también? —preguntó, la voz temblando. No contesté. Pero acerqué la mano, imité a Diana, y busqué el calor dentro de la tela. Sentí el pene de papá, suave al principio, creciendo bajo la presión de los dedos. Diana lo sacó, sin vergüenza, y lo sostuvo como si fuera una antorcha. Era igual que en los sueños. O peor. O mejor. —¿Qué haces, Di? —preguntó papá, ya sin autoridad. —Tenemos… una deuda pendiente, papi —dijo mi hermana, y lo besó en el cuello. Yo me pegué a su costado, apoyé la mejilla en el hombro de papá, y sentí el temblor de los latidos en la garganta. Esto era demasiado, tanto para Diana como para Nico como para mí. Y lo sabía, había visto a mi hermana en multitud de situaciones sexuales como para reconocer que ahora mismo estaba pretendiendo que todo esto era normal. Diana, de golpe, se puso de rodillas. Llevó el pene a su boca sin ceremonia. Lo lamió despacio, mirándolo a los ojos. Papá no supo qué hacer con las manos; las puso en la cabeza de Diana, como para guiarla, pero después las soltó, y las apoyó en la cama. Yo lo miré, ardiendo de ganas y miedo. Me arrodillé también, junto a Diana, y tomé el pene en mis propias manos. Estaba caliente, palpitante, la piel tirante bajo mis dedos. Me animé a chuparlo. El sabor era raro, amargo, pero no desagradable. Diana se reía, compartía el botín, me besaba la boca entre cada turno, y el sabor de papá pasaba de su lengua a la ...