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Ayuda entre hermanas (FINAL)
Fecha: 08/06/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos
... mía y de vuelta. Papá gemía bajito. La respiración se le volvía errática, los músculos se le tensaban. Diana se lo metía casi hasta el fondo de la garganta, hacía ruidos que parecían de otro planeta. Yo me animé a seguirla, pero nunca fui tan brava. Me contenté con lamer la cabeza, jugar con la lengua, sentir el peso del miembro en la mano. Las manos de ambas iban del abdomen a las piernas y a los testículos. La piel de papá era un mapa y nosotras, aprendices de cartografía En esa habitación se había clausurado el tiempo. Me sorprendió mucho darme cuenta de lo mucho que papá aguantó antes de dar muestras de que el orgasmo estaba cerca. Por primera vez, caí en cuenta de que cogerse a mamá debía ser una experiencia por demás intensa para que recibir una mamada de Diana y mía a la vez no lo hiciera perder los estribos. El semen brotó en chorros, salpicando la panza, la mano, la cama. Diana atrapó parte en la mano, me la mostró, y me la puso en los labios. La lamí, porque ya nada importaba. Papá quedó recostado, los ojos cerrados, el pecho subiendo y bajando como el mar después de un huracán. Diana se limpió las manos en la braga, se la puso de nuevo, y salió del cuarto. Yo la seguí, dejando a papá solo, confundido, feliz, vacío. Cuando llegamos al pasillo, Diana me miró. —¿Ves? No era tan difícil. No dije nada. El cuerpo me ardía. El alma también. El laboratorio seguía funcionando. Y ahora, el último experimento ya estaba en marcha. Esa ...
... noche la casa era otra. O eso quise creer. La cena fue el déjà vu de todas las cenas, pero con la diferencia de que Nico, mi papá, sonreía. No una sonrisa vacía de esas que solo rellenan el silencio: una sonrisa genuina, feliz, iluminada como el desayuno en domingo. Se sirvió dos veces el puré, hizo comentarios banales sobre el clima y el tráfico, incluso aplaudió la salsa de mi mamá. Yo miraba a Diana de reojo, esperando que ella también notara el cambio. Lo notó. De hecho, casi no podía dejar de sonreír. Mamá nos observaba desde la cabecera, sin decir nada, su expresión era idéntica a la de todas las otras noches, Terminamos la comida. Diana y yo lavamos los platos como siempre, sólo que esta vez las manos nos temblaban suavemente… residuos de la emoción. Subimos al cuarto. —¿Viste la cara de papá? —se carcajeó Diana—. Literal, nunca lo vi tan contento en mi vida. —Sí, totalmente —dije, y me reí también, porque por primera vez en siglos sentí que algo había salido exactamente como debía. —¿Y ahora qué sigue? —pregunté, soltando el aire. Diana se tiró en mi cama, extendió los brazos y los cruzó detrás de la cabeza. —No sé, enana, quizá podríamos empujar un poco más las cosas… no sé, capaz con esto tenemos un poco de poder sobre mamá, ya sabes, se dará cuenta de que no nos da tanto miedo como pensaba… La ligereza del momento era absurda, pero también perfecta. Nos reímos. Seguimos hablando, con la seguridad de que éramos invencibles… El golpe en ...