1. Fany, la cornuda, capítulo 6


    Fecha: 11/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Homelander, Fuente: TodoRelatos

    ... suéltame! Jajajaja.
    
    La soltaba. Recuperaban la respiración, les dolía el estómago. Se miraban y sonreían.
    
    —Yo también te voy acosar, ¡eh! También te vi encuerado —decía sonriéndole nerviosa.
    
    —Por cierto, mi verga también es más grande que tu piecillo de minión —y reían otra vez.
    
    Ella miraba su pie.
    
    —Sí, de hecho sí.
    
    Él le sonrió por el retorcido cumplido. Y enseguida así como así, se levantó, tomó su mano sin extenderla pidiendo permiso, ni mirándole a los ojos avisándole que lo haría, solo lo hizo. Ella lo permitió y él caminó hacia otra dirección. No preguntó, no explicó. Paulina dudó un segundo, pero simplemente lo siguió.
    
    Ya era tarde, anochecía y caminaron unas cuantas calles más, hasta llegar a un restaurante con fachada de madera, faroles amarillos colgando de las ventanas y un cartel pintado a mano que decía:
    
    “Tinku – Cocina Peruana Contemporánea”.
    
    No parecía un lugar común para chicos de prepa. Y sin embargo, ahí estaba él, abriendo la puerta como si fuera su lugar favorito.
    
    —¿Aquí? —preguntó Paulina, sorprendida.
    
    —Sí. Ya verás.
    
    Entraron. El lugar tenía una atmósfera cálida, íntima, con mesas de madera oscura, plantas colgantes, música suave de fondo. Olía a ají, a maíz tostado, a limón recién exprimido. Una mesera joven los guio hasta una mesa junto a la ventana.
    
    —¿Qué quiere la bonita pareja? —preguntó la chica sonriendo y ambos sintieron una linda punzada que decidieron disfrutar en vez de corregirle.
    
    —¿Quieres pedir tú? ...
    ... —preguntó Mario, pero fue más una cortesía que una pregunta real. Sostenía el menú cerrado entre sus manos.
    
    —No… tú elige —respondió Paulina, soltando el aire.
    
    No lo dijo en voz alta, pero se sintió bien. Dejar que alguien decidiera. Apagar su cerebro e ir en piloto automático a ver qué, era divertido. No tener que elegir entre mil opciones como si de eso dependiera algo realmente importante.
    
    Mario pidió sin titubear, causa limeña para empezar, luego lomo saltado para él y ají de gallina para ella, y una chicha morada para compartir. Mientras esperaban, él le contó un poco sobre la comida peruana, sobre la mezcla de influencias, sobre un canal de YouTube donde había visto recetas. Paulina lo escuchaba, relajada, algo embobada. No solo por lo guapo que era, que sí que lo era, ya sabemos, mucho más cuando hablaba de cosas que le gustaban, muchos más a cada minuto. Pero no solo era eso, sino por lo seguro de sí mismo, lo natural que se sentía estar ahí, compartiendo una comida sin complicaciones, haciéndose chistes sexuales y simplemente pasándola bien.
    
    Recordó entonces las veces con Jonathan. El eterno indeciso. El que tardaba media hora en elegir entre hamburguesa o pizza. El que la miraba como si necesitara su aprobación antes de hacer cualquier cosa. El que nunca sabía cómo podía ayudarle con la tarea, si era mejor con la portada o con el texto y dejarle a ella el diseño, terminaba haciéndolo todo ella como quiera. A veces incluso la tarea de él también, porque el ...
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