-
Fany, la cornuda, capítulo 6
Fecha: 11/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Homelander, Fuente: TodoRelatos
... muy tarado tampoco se decidía que tema elegir para su ensayo. El que no se decidía a besarla sin antes preguntarle si quería. Él que no pidió ni una sola vez una jalada como un novio adolescente normal, ella tuvo que sacar eso de los pantalones del chico todas las veces, mientras él le preguntaba mil veces si estaba segura. ¡Ni siquiera terminaba en su mano, por dios! A veces le daba risa pensar que su madre no les dejara cerrar la puerta, no estaba más a salvo con nadie más en todo el mundo de no explorar su sexualidad, que con Jonathan ahí dentro. A veces incluso la hizo dudar de su belleza, si él no quería quitarle la ropa sería porque no tenía interés de ver lo que había debajo, ¿correcto? Y eso sería porque no había nada interesante en efecto. A veces eso era tierno, lo amaba por eso. Otras, era agotador. Mario era diferente. Había algo en su seguridad que era intoxicante. Algo que la desarmaba. La comida llegó. El ají de gallina estaba cremoso, con un toque picante que ardía lo justo en la lengua. El arroz blanco, perfectamente cocido. La causa, suave y fresca. La chicha morada, dulce y especiada. Paulina comía y reía entre bocados. No sabía si era el hambre, el sabor, la conversación o simplemente la calma de haber dejado que todo fluyera. Pero se sentía ligera. Como si flotara. —¿Está bueno? —preguntó Mario, mirándola con una ceja levantada. —Está increíble —respondió ella—. Gracias por… todo esto. Él sonrió con una expresión difícil de leer. Casi ...
... como si no entendiera por qué le agradecía. —No fue nada. Esta ha sido una gran cita. Paulina bajó la mirada, sonriendo, con las mejillas ardiendo. No dijo nada más. Y así, entre sabores nuevos, palabras sinceras y silencios cómodos, la incipiente noche y la deliciosa comida-cena les fue envolviendo poco a poco. Salieron del restaurante como si acabaran de despertar de un sueño largo y cálido. La tarde ya había caído por completo con una suavidad negruzca y azul marino, dibujando estrellas a montones. Los sonidos de la ciudad eran bajos, amortiguados, como si el mundo alrededor se hubiera puesto en pausa para no interrumpir el momento que Paulina y Mario estaban viviendo. Ya no eran los dos chicos tensos de antes, arrastrando palabras entre sospechas y malentendidos. Tampoco eran los adolescentes desbordados de risas nerviosas, ni los compañeros que apenas entendían por qué la presencia del otro se sentía tan punzante y urgente. No. Ahora caminaban en silencio, juntos, sin tener que explicar nada. Se sentían… tranquilos. Cómodos. Paulina caminaba ligeramente a lado de Mario, en silencio con absoluta comodidad, no sentía la muralla de mala vibra entre ellos ya. La mano de Mario se deslizó hacia la suya como si lo hubiera hecho mil veces antes, y sus dedos entrelazados encajaron tan naturalmente que ninguno se sorprendió. Paulina solo sonrió, sin mirarlo directamente, pero sintiendo cómo su cuerpo respondía con un calor silencioso, un cosquilleo que le ...