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Fany, la cornuda, capítulo 6
Fecha: 11/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Homelander, Fuente: TodoRelatos
... el hocico con las patitas y, con un saltito elegante, subió de nuevo por el árbol. En un instante, desapareció entre las ramas. Paulina se quedó mirando el tronco vacío, sonriendo como si algo en su interior se hubiera ablandado un poco más. —¿Ves? Te dije que tenías que verla —dijo Mario. —Valió totalmente la pena. El silencio volvió, pero ya no era incómodo. Era ese tipo de silencio que solo se da entre dos personas que, por un rato, ya no tienen nada que decir. Todo estaba dicho en los gestos, en el aire cálido, en la cercanía de sus piernas en la banca, en el eco del crujido de las hojas donde la ardilla se había perdido. Paulina apoyó la espalda en el banco, cerca de él, respirando hondo, mirando al cielo, sintiéndose cómoda con él pegado a ella. Algo dentro de Paulina; el juicio, la culpa, los miedos, se iban por completo, o al menos ella los ignoraba . Ya no pensaba tanto. Ya no comparaba. Ya no huía. Sintió como una punzada eléctrica la caricia de Mario en su muslo. Nada “sucio”, pero definitivamente firme y despreocupada, yendo de su rodilla hasta un poquito adentro de su falda. Bajó la mirada y el chico miraba su cuerpo y sus piernas, con calma, pero atención, una mirada que no parecía la de un asqueroso depravado de cuarenta años, pero tampoco desinteresada. Se encontraron sus miradas profundas. Y él se acercó lentamente, lo suficiente para dejarle claro lo que haría y ella cerró los ojos aceptando el beso. Simplemente electrizante. ...
... Maravilloso y poderoso. La mano de Mario se sentía más cálida en su muslo y ella le rodeaba el cuello con ambas manos. Paulina se cachondeaba al sentir la lengua del chico jugando con la de ella, él salía de ahí y le besaba el cuello, la chica se retorcía y disfrutaba pasándole la mano delicadamente por el pecho, aún con la camisa escolar, su cuerpo se sentía firme y agradable. Ella tomó un poco de espacio, él esperó, porque claramente no había sido un movimiento para guardar distancia. Paulina subió la pierna, nerviosa e histérica hizo el movimiento más audaz que había hecho nunca, o así lo sintió ella. Puso su pie sobre su bragueta, lo movió un poco, se vieron y sonrieron, entendiendo la referencia. Él solo miró a los lados una vez. Ella hiperventiló cuando el chico tomó su bragueta y sacó su verga con seguridad. Semi-erecta, la puso sobre su pie por un lado a lo largo, y en efecto, era más grande que el diminuto piecito de Paulina. Reían con risitas. —Te dije —dijo él sonriendo. Eso se ponía más duro. —Yo ya sabía, ya la había visto, muchacho exhibicionista. —Mira —le dijo tomando la mano de ella. Paulina alzó la vista al cielo, riendo nerviosa, pero no le detuvo. Dejó que él pusiera su mano en su falo, y miró cuando lo sintió entre sus dedos. Apretó de inmediato instintivamente. Eso era enorme, largo y gordo, sus dedos apenas podían rodearlo, duro como piedra, pero suave y cálido de algún modo también. Sonreía como imbécil involuntariamente. —No inventes ...