1. Albast.Capítulo 25


    Fecha: 15/06/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos

    ... atrás en el tiempo para deshacerlo. Tendría que volver a casa y vivir con aquella mentira. Amaba a Rose y a sus hijos profundamente y no desearía hacerles daños bajo ninguna circunstancia.
    
    A pesar de todo, conociendo a su esposa como la conocía, probablemente estaría más enfadada por haberse apuntado a aquella misión, pudiendo haberse quedado en Londres, esperando sentado cómodamente en su despacho, como hacían Brighman y el teniente Landis, que por haber tenido una aventura pasajera. Antes de salir, al igual que todos sus compañeros de viaje, había escrito una carta de despedida, por si le pasaba algo. Mientras lo hacía, pensó con ironía que, si contaba en la carta lo que había hecho con la rusa, le ayudaría a su esposa a pasar el duelo. Al coger la pluma se convenció de que no estaba precisamente inspirado. En el fondo, a pesar de que aquella misión era muy peligrosa, no se le había pasado por la cabeza que él pudiese morir en la acción. Es más, le parecía que escribir aquello le daría mala suerte. Suponía que abría muchos jóvenes soldados que pensarían lo mismo que él. Nadie pensaba que la siguiente bala de los cabezas cuadradas, acabaría alojada en alguna parte de su cuerpo. Si no, nadie iría a la guerra, por muy justa que fuese la causa.
    
    Al final había escrito unas pocas frases. Le decía a su mujer sobre todo que la amaba y que era suficientemente joven como para rehacer su vida. Lo único que le pedía era que, si le contaba a sus hijos algo de su padre, que ...
    ... fuesen las buenas anécdotas y no los errores, que habían sido muchos. Le decía que ojalá hubiese sido más atento con ella y con los niños y mientras firmaba se prometió a sí mismo que, si volvía con ellos al terminar la guerra, trataría con todas sus fuerzas de ser mejor marido y padre. Las luces de alerta se encendieron, apartándole de aquellos pensamientos y recordándose a sí mismo que no era el momento de pensar en aquellos asuntos. Cuando se encendió la luz verde y Simmons abrió la puerta, no lo dudo y seguido por Nadia y el resto de los SAS, se lanzó al vacío.
    
    El tirón de las ingles fue más fuerte. Los pilotos del B 24 estaban ansiosos por largarse del cielo alemán a toda mecha. La noche era clara y tranquila, con apenas una ligera brisa azotando su cara. Colgando ingrávido, a cientos de metros por encima del suelo, levantó la vista a tiempo de ver como el Liberator giraba en redondo y su figura rechoncha se alejaba ronroneando, enmarcada por la luna casi llena.
    
    Esta vez el aterrizaje fue casi perfecto. Tocó el suelo en medio de un claro y rodó como le habían enseñado. Esta vez el cuchillo no se le escapó y pudo deshacerse del arnés justo antes de que Nadia se acercase a ayudarle. El resto de los hombres del SAS cayeron limpiamente en menos de un minuto y medio, en el medio del claro y se irguieron tan despreocupadamente como si siguieran de maniobras en medio de las Highlands. En casi total silencio, recogieron el equipo de demolición y enterraron los paracaídas. Se ...
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