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Albast.Capítulo 25
Fecha: 15/06/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos
... sorprendidos como incrédulos. —Yo, pero... ¿No es tu esposa? ¿Y la dedicatoria? —preguntó dubitativa. —Con todo mi amor. ¿Es que tú no amas a tus seres queridos, idiota? Ella es mi hermana favorita. Vive en Suiza con su marido. No la veo desde el treinta y nueve y no la volveré a ver antes de que esta guerra termine, eso si sobrevivo. —¡Lo siento! —se lamentó la joven a punto de romper a llorar— Yo te he visto bailar con Hilde y he sentido celos... No pude evitar pensar que no era la única en tu corazón. —Pero eso no te da derecho a fisgar en mis asuntos. —Sigfried, al fin había despertado de su estupor y dominado por la rabia, cogió por el cuello a la joven y la estampó contra la pared. Úrsula se puso de puntillas para poder seguir respirando. El oficial estaba realmente cabreado, aun así, mantenía un estricto control de sus emociones y mantenía el cuello de la joven apretado lo justo para que pudiese inspirar un hilillo de aire. —¡Lo siento, mi amor! Me he comportado como una colegiala celosa, pero es que no puedo evitarlo. ¡Te amo y te quiero solo para mí! —replicó la joven con una mezcla de angustia y adoración. —Has sido una chica mala. —dijo Sigfried aflojando su presa con una sonrisa de lobo. —Y merezco un castigo. —dijo la joven con un sonido rasposo— Y lo acepto con gusto, con tal de saber que soy la única mujer que amas y la futura madre de tus hijos. Sigfried le dio la vuelta a la joven y le dio un doloroso cachete en el culo. La joven ...
... soltó un grito, pero no intento huir ni defenderse. Aquello pareció gustar al oficial, que se sentó en la cama y colocó a la joven con el culo en pompa, justo encima de sus rodillas. —¿Vas a volver a volver a rebuscar entre mis cosas? —Sigfried acompañó la pregunta con un sonoro cachete. —¡Noooo! —gritó la joven mientras en el centro de su culo aparecía una marca roja con la forma de la mano de Sigfried. —¿Vas a volver a dudar de mi palabra? —un nuevo cachete sonó como un latigazo en la habitación. Greta se revolvió incomoda al notar un leve calambre de placer en su bajo vientre. —¡No, mi señor! —gritó la joven, más desesperada por haber contrariado a su amante, que por el dolor que sentía en sus nalgas totalmente rojas— ¡He sido mala! ¡Por favor, castígame, pero no me abandones! ¡No lo soportaría! Sigfried sonrió, al parecer satisfecho con la respuesta de la jovencita y tras darle unos cuantos cachetes más, que pusieron aquel bonito culo en carne viva, la obligó a levantarse de nuevo y a agarrarse al poste de la cama. La joven se abrazó a él y esperó sin atreverse a girar la cabeza con los glúteos y las piernas totalmente contraídos, esperando un nuevo golpe. Con un escalofrío de placer, Greta vio como el oficial cogía el cinturón de su uniforme y acariciaba el culo de Úrsula con él. El golpe no tardó en llegar y en el culo de la joven apareció una nueva marca. De nuevo el soldado se estaba conteniendo y no aplicaba toda la fuerza en cada golpe. Aquello era ...