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Albast.Capítulo 25
Fecha: 15/06/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos
... entonces la cogió por el brazo, la ayudó a incorporase y la llevó en brazos para depositarla sobre la cama. Afortunadamente, Sigfried era un hombre de costumbres y después de un polvo siempre tocaba una ducha. En las SS, la higiene es lo primero... Y tal como esperaban, en cuanto escucho el ruido del agua correr, aquella zorrita se levantó como un resorte y sin preocuparse de tapar su cuerpo, comenzó a curiosear en los armarios. Al principio habían pensado en informar a Sigfried, pero era un tipo bastante irascible y no querían que apalizase a la joven, antes de estar seguros de que la chica era culpable, así que finalmente pensaron que sería mejor que no supiese nada y actuase con normalidad. Así que para evitar que Sigfried descubriese los documentos, Wust los había colocado mientras la pareja bailaba en la fiesta. La expectación se fue haciendo cada vez más intensa a medida que la joven se iba acercando a la pequeña carpeta con documentos que Wust había depositado en uno de los cajones del escritorio. Tras curiosear en el armario y en la ropa que Sigfried había dejado sobre la silla, al lado de la cama, se acercó finalmente al escritorio. Buscó en el primer y segundo cajón y revolvió con precaución, procurando dejarlo todo tal y como lo había encontrado. Finalmente llegó al cajón donde había escondido una copia de los planos del enorme tanque, más espectacular que efectivo. La joven vio el sobre al abrir el cajón y pareció sonreír satisfecha. Tras echar ...
... una mirada atrás abrió el sobre con precaución, pero al contrario de lo que Greta esperaba, la joven ojeó los planos con descontento. Era evidente que aquello no era lo que buscaba y depositó el sobre en su sitio. —¿Qué coños? —susurró Wust más contrariado aun que la joven. —Parece que no es exactamente eso lo que busca. —Greta tampoco podía ocultar su decepción. La joven, ajena a todo, siguió revisando los cajoncitos más pequeños sin demasiado interés hasta que al abrir uno de ellos, su mirada se quedó fija en su contenido. Primero sonrió y luego soltó un resoplido exasperado, mientras sacaba lo que parecía una pequeña foto. Ambos retiraron los ojos de las mirillas y se miraron interrogantes. El suspense duró poco, porque en ese momento Sigfried apareció en la habitación, con una bata enrollada en torno a su cintura. —¿Qué demonios? —exclamó el oficial tan sorprendido como irritado— ¿Estás revolviendo en mis cosas? —Yo... —el momento de duda fue fugaz y la joven en vez de sentirse culpable, arremetió contra el hombre enarbolando la foto con los puños cerrados y el rostro contraído por la ira— ¡Me has mentido! ¡Dices que soy la única! ¡Que me amas y me vas a llevar contigo! ¡Sucio mentiroso! —dijo estampándole la foto de un puñetazo en el pecho, con tanta violencia que hizo recular al soldado. —¿De qué demonios hablas, zorra loca? —exclamó el oficial mirando la foto— Esta es mi hermana Isolda. Úrsula se quedó congelada y miró a su amante con ojos tan ...