1. El círculo. Cap.28. Debajo del sol de plomo


    Fecha: 17/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... besaron. Sin lengua. Sin urgencia. Solo labios suaves y sinceros, como quien quiere que el otro sepa que no está solo.
    
    —Te van a regañar —dijo él.
    
    —Un chingo.
    
    —¿Quieres que me baje a pedir disculpas?
    
    —No. Déjame esto a mí.
    
    Se bajó del coche. Emiliano no arrancó. Se quedó ahí, viendo su silueta caminar hacia la puerta. Ximena se ajustó la sudadera, respiró hondo.
    
    Míriam abrió antes de que tocara. Tenía un suéter de lana gris, pants, chanclas. El cabello suelto y ojeras de quien duerme con un ojo abierto.
    
    —¿Estás bien? —preguntó.
    
    Ximena asintió. Míriam no pidió más. No hizo preguntas. La dejó entrar. En la cocina, había una taza humeante. Té de manzanilla con miel.
    
    —Tómate esto —dijo Míriam, dejando la taza frente a ella. Se quedó de pie, como si quisiera decir algo pero dudara.
    
    Ximena se sentó. Dio un sorbo. El calor le bajó hasta el estómago.
    
    —Cuídate —dijo entonces Míriam, sin dureza, sin juicio, sin drama—. El deseo no es excusa para perderte.
    
    Ximena no contestó. Solo asintió. Y en ese silencio —más que en el beso, más que en la fiesta— supo que estaba creciendo. No con aplausos, sino con cicatrices suaves. De esas que uno aprende a leer con el tiempo.
    
    __
    
    El sol apenas tocaba las cortinas de su casa cuando Isabella ya estaba en la cocina, de pie, en pantuflas y una bata corta de satín gris perla. Movía una espátula sobre el sartén como si no supiera exactamente qué estaba haciendo, pero igual freía huevos con jitomate ...
    ... picado y preparaba café en la prensa francesa que Valeria le había regalado el año anterior. En el aire flotaba ese olor que mezcla mantequilla con ansiedad.
    
    Se arreglaba más de lo usual. Llevaba el cabello suelto, ligeramente ondulado. Se había puesto rímel —algo que no hacía un jueves cualquiera— y, debajo de la bata, el encaje negro del sostén se asomaba con cada movimiento.
    
    Valeria entró en shorts y una playera sin mangas, el cabello recogido en un chongo apretado y cara de no haber dormido lo suficiente. Se restregó los ojos, se sirvió agua y se dejó caer en la silla frente a la mesa. Olfateó el aire.
    
    —¿Y este lujo matutino? —preguntó, sin mirar a su madre.
    
    —Pues... se me antojó hacer algo rico —dijo Isabella, dándose la vuelta con una sonrisa fugaz.
    
    —Ajá. ¿Y también se te antojó ponerte ese brassier o fue coincidencia gourmet?
    
    Isabella se congeló apenas un segundo. El encaje negro se marcaba bajo la tela satinada de la bata. No era uno cualquiera: era uno de esos con historia, con intención. Ella bajó la vista fingiendo que no entendía.
    
    —¿Cuál brassier?
    
    —Mamá… por favor. Es jueves, son las ocho de la mañana, y traes pestaña rizada. No soy tonta. Bueno, sí, pero no tanto.
    
    Isabella suspiró, dio la vuelta y sirvió los huevos con jitomate como quien cambia de tema con movimientos.
    
    —Tengo comida con unas amigas y luego voy a llevar la camioneta al taller. El mecánico ese de los lentes siempre me hace esperar, así que dije: “voy a estar ...
«12...91011...»