1. El círculo. Cap.28. Debajo del sol de plomo


    Fecha: 17/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... cabello húmedo pegado a los hombros, las piernas frías, las manos temblorosas. Tenía la vista clavada en su celular, donde la pantalla aun mostraba la conversación de Míriam: “Todo bien?”
    
    El cosquilleo en el estómago ya no era emoción. Era algo más ácido. Como un aviso. Como cuando de niña se escondía debajo de la mesa después de romper algo. Iba a contestar. Iba a decir ven por mí, o no sé qué estoy haciendo, cuando la puerta se abrió sin tocar.
    
    —¿Xime? ¡No mames, Xime! ¿Qué pedo? —Emiliano.
    
    Entró con la cara preocupada, el hoodie empapado, la voz más grave de lo usual.
    
    —Güey, te ves fatal. ¿Todo bien?
    
    Ella alzó la vista. Quiso sonreír pero no pudo.
    
    —Me siento de la verga. Siento que la cabeza me da vueltas... y no sé. No sé si tomé de más o si fue otra cosa.
    
    —No tomaste tanto, ¿o sí? ¿Qué más te dieron?
    
    —No sé… el rosa ese que me diste.
    
    —Güey, era vodka con jugo, te lo juro. Nada más. No mames.
    
    —Tengo frío. Y me arden los ojos.
    
    Él se agachó frente a ella, le tocó la frente con el dorso de la mano.
    
    —Estás helada. Vamos por agua. Vamos a sacarte de aquí.
    
    La ayudó a levantarse. Ella temblaba. Caminó lento, como si estuviera saliendo de un mal sueño. Emiliano no la soltó. En la cocina improvisada de la casa, le dio una botella de agua y le prestó su sudadera. Después, la llevó a una de las habitaciones más limpias, cerró la puerta y la ayudó a vestirse. Lo hizo con cuidado. Con respeto. Le pasó sus shorts, luego su camiseta. No la tocó ...
    ... más de lo necesario.
    
    —Tranquila, ¿ok? Ya pasó.
    
    —No quiero estar aquí.
    
    —Ya vamonos.
    
    La sacó por la puerta trasera, donde no había gritos ni luces, solo un pasto húmedo y un portón chirriante. Ximena se dejó llevar. Ya no hablaba. Solo apretaba los dientes.
    
    El camino de regreso fue casi silencioso. El cielo comenzaba a aclararse, con ese gris tenue que anuncia el amanecer sin prometer nada. La carretera estaba desierta. Dentro del coche, Emiliano puso una playlist suave. Algo de Cuco. Algo de Silvana Estrada. Ella cerró los ojos, recargada en la ventana, con las piernas cruzadas, abrazada a sí misma bajo la sudadera de él.
    
    Cuando entraron por Insurgentes Sur, su celular vibró. Un mensaje de Míriam. “Ya estoy en casa. Avísame cuando llegues.”
    
    Ximena no contestó. Solo lo leyó y se lo guardó como quien esconde una carta rota.
    
    —¿Te sientes mejor? —preguntó Emiliano, bajando el volumen.
    
    —Un poco. Gracias.
    
    —Me asustaste un chingo.
    
    —Yo también. Me asusté yo sola.
    
    Llegaron frente a su casa. Las ventanas estaban apagadas. Solo una luz tenue en la entrada. Míriam ya estaba ahí.
    
    —Ya llegamos —dijo Emiliano, deteniendo el coche.
    
    Ximena lo miró.
    
    —Gracias. Por cuidarme. Por todo.
    
    —Gracias a ti por no morirte en mi coche —intentó bromear. No funcionó del todo.
    
    —Lo siento si eché a perder tu noche.
    
    —Xime… —él le tomó la mano—. No arruinaste nada. Solo… la próxima vez, dime si algo te cae mal, ¿va?
    
    —Va.
    
    Se miraron unos segundos. Y se ...
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