1. El círculo. Cap.28. Debajo del sol de plomo


    Fecha: 17/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... coquetón? —preguntó Emiliano.
    
    —No sé… algo suave. No quiero vomitar en la primera hora.
    
    —Aguanta, voy por algo rosa para ti.
    
    Regresó con dos vasos de plástico y una sonrisa. El trago sabía a fresas, vodka y medicina. Ximena lo bebió rápido. Luego otro. Y después otro. Pasaron las horas.
    
    El alcohol la fue soltando. La incomodidad se volvió curiosidad, y la curiosidad se volvió euforia. A medianoche, estaba bailando con Emiliano junto a la alberca, rodeados de cuerpos sudados, luces neón y celulares alzados. Le sonreía a todo el mundo. Gritaba canciones que no se sabía bien.
    
    En algún momento, se quitó la falda de mezclilla y quedó en su bikini pastel, lila con verde menta. Se sentía bonita. No como esas niñas de Instagram con curvas imposibles, pero algo en la forma en que Emiliano la miraba la hizo creer que bastaba con estar ahí, mojada, viva, risa suelta, piel caliente.
    
    —¡Vámonos al agua! —gritó alguien.
    
    —¡Simón! —dijo Emiliano, tomándola de la mano.
    
    Se lanzaron al mismo tiempo. El agua estaba fría. Gritó, pero rió. Él se acercó demasiado, la abrazó por la espalda. Ella no se apartó, pero tampoco lo besó. Aun no.
    
    Flotaban en la alberca, rodeados de gritos, celulares, vasos medio vacíos. Una chica les tomó una foto. Ximena posó con los dedos en “peace” y la lengua afuera. Luego subió la imagen a sus historias. Otro video, bailando. Otro más, con Emiliano. Después, uno donde besaba a una chica.
    
    Fue rápido. Apenas un roce de labios con una chavita ...
    ... de cabello azul que la jaló por sorpresa y le dijo:
    
    —Te ves deliciosa, mami.
    
    Y ella, ebria, feliz, contestó:
    
    —Tú también.
    
    Y se besaron. No por deseo, sino por desmadre. Por ser joven. Por tener algo qué contar después.
    
    —¡Güey, qué pedo! —gritó Emiliano, riendo, mientras les tomaba una foto.
    
    —¡Que nadie diga que no vine a vivir, carajo! —gritó Ximena, levantando los brazos.
    
    Pero poco después, se sintió rara. Mareada. Como si la música estuviera más lejos. Como si alguien la empujara desde dentro. Salió de la alberca con dificultad. Se envolvió en una toalla. Caminó hacia una de las habitaciones buscando un baño, tropezando.
    
    Abrió una puerta equivocada. Dos tipos besaban a una chica en una cama. Cerró. Siguió buscando. Encontró una silla. Se sentó. Cerró los ojos. Su celular vibró. Era un mensaje de Míriam:“Todo bien?”
    
    Ximena lo vio. No respondió. Solo miró la pantalla un momento largo, como si esa pregunta cargara más peso del que aparentaba.
    
    Desde el jardín, aún se escuchaban los gritos. Alguien pedía más hielo. Alguien lloraba. Alguien reía muy fuerte. Emiliano la buscaba.
    
    Pero ella se quedó ahí. Sentada. Callada. Sintiendo por primera vez algo parecido al miedo, envuelta en su toalla mojada, como si esa noche —llena de risas, cuerpos y luces— también pudiera esconder una trampa.
    
    La habitación era pequeña, con una lámpara de lava que apenas respiraba luz roja. Ximena estaba sentada en una silla de plástico, con la toalla mal envuelta, el ...
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