1. Mi nueva jefa


    Fecha: 20/06/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Esquiva, Fuente: CuentoRelatos

    ... criteriosa, aunque a veces me parece que actúas con demasiada cautela…
    
    Debo de haber enrojecido en ese momento, porque noté algo incómoda a mi jefa, y porque ella cambió rápidamente de conversación.
    
    -Mira, la noche es joven, ¿te gustaría dar una vuelta por el puerto?
    
    Salimos del lugar y llegamos a la zona turística. Nos sentamos en una terraza llena de parejas y grupos de jovencitos que bebían cerveza y reían a los gritos entre la música a todo volumen.
    
    -Pide el trago que más te guste- sugirió ella.
    
    Pedí una piña colada con hielo molido y ella se asombró de que, vaya coincidencia, era su trago favorito. Se achispó un poco el trago. Hablamos de la adolescencia, del colegio, hacía mucho que yo no hablaba tanto con una mujer, con nadie, que empecé a sentirme bien. Eran casi las dos de la mañana cuando Otilia ahogó el primer bostezo y sugerí que saliéramos. Su celular sonó justo cuando arrancó el motor y la escuché hablar muy contrariada con su hermana.
    
    -Tendremos que ir a mi departamento -dijo- mi hermana se olvidó la puerta abierta. Dios mío, es tan distraída que a veces pienso que tiene Alzheimer.
    
    -Espero que no haya pasado nada grave- acoté.
    
    Otilia vivía en el cuarto piso de un edificio de la zona norte. No había seguridad privada, al menos cuando llegamos, y el ascensor estaba desconectado.
    
    -Espera- dije antes de que ella entrara. Observé la puerta y tanteé la cerradura. En ese momento se fue la luz y saqué de mi cartera una linternita de mano. ...
    ... No había pasado nada. Otilia puso a funcionar un inversor de baterías y la casa se iluminó.
    
    -¿Vives sola?
    
    -No. con mi hermana, pero ella los viernes se va a casa de mi madre, en el interior, y el sábado regresa para pasar el fin de semana con cu novio. Siéntate, ¿quieres tomar algo?
    
    -Agua helada.
    
    La sala no era muy amplia, pero estaba muy bien ordenada, había un sofá de estilo moderno y el piso lucía una alfombra muy bien cuidada. Una de las paredes de la sala estaba llena de libros. Otilia me trajo el vaso de agua y después encendió un pequeño radiograbador y buscó algo de música. Una canción muy vieja de Tito Rodríguez llenó el silencio. A Tito Rodríguez le siguió Frank Sinatra con una versión de Extraños en la noche que no pude evitar tararear y entonces ella me miró a los ojos y dos lagrimones oscurecidos por el rímel rodaron por sus mejillas.
    
    -Es así como somos- dijo. Somos extraños, nadie conoce a nadie, nadie entiende a nadie.
    
    Me levanté de mi asiento y la abracé.
    
    Esa mezcla de tibieza, de solidaridad especial que es capaz de hermanar a dos mujeres en una situación como ésta, hizo que nos pusiéramos de pie y continuáramos abrazadas, en medio de la oscuridad, de la tristeza, de la soledad. Su perfume comenzó a inundarme. Tuve miedo de que se notara el endurecimiento de mis dos colinas de carne. Confieso que estuve a punto de soltarla y de salir huyendo para que mis latidos se pusieran en orden y porque además me aterraba la sola idea de empezar algo ...
«12...5678»