1. Mi nueva jefa


    Fecha: 20/06/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Esquiva, Fuente: CuentoRelatos

    ... que después no podría controlar o que terminaría controlándome, cuando ella me pidió que no la soltara.
    
    -Repítelo.
    
    -No me sueltes- dijo casi en un hilo de voz y la carne suave de su boca estaba tan cerca de la carne anhelante de mis labios que, literalmente, me dejé besar.
    
    Levanté su vestido por arriba de su cabeza y lo dejé caer sobre el sofá, lo vi descender con lentitud, como si el aire se negara permitirle que cayera, como si fuera una hoja de papel etéreo que bajara suavemente. Mies dedos torpes necesitaron de su ayuda para que el broche de su sostén se soltara y cuando tuve a mi alcance dos lunas morenas hechas de miel me obligué a aceptar que no estaba soñando. Fuimos andando hacia una habitación y mientras me desnudaba parsimoniosamente, como si aun fuera posible que pudiera despertar en medio del frío de mi cuarto, Otilia me ofrecía el panorama de su cuerpo tendido de espaldas sobre la cama.
    
    Dejé que mis manos soñaran sobre cada oquedad recorrieran con el deleite de un niño ante un juguete nuevo cada punto de su piel erizada. Nos abrazamos después para darnos el beso más largo que dos mujeres se hayan dado y, cuando estábamos a punto de quedar sin aliento, mi boca fue bajando y, aunque de sus pezones no manaba ambrosía, yo sí la sentí , y aunque el territorio de su sexo no hubiera ningún sortilegio mi lengua descubrió la ebriedad de la magia y la música de la espuma.
    
    La danza de su pelvis se tornó frenética hasta que en el último instante de tensión la ...
    ... sentí estirarse toda y relajarse luego, semejante a la ola que al dar con la rompiente se deshace en un manto luminoso de burbujas. Los dedos de Otilia buscaron en mi pubis, peinaron delicadamente un territorio de musgo y penetraron con temerosa lentitud hasta que la sentí bajar y en pocos embates de un estilete hacho de miel y terciopelo alcancé un país de nubes y sentí que en mi sangre galopaban pegasos y mi gemido fue un aleteo que quería imitar la voz de los violines y me dormí después, para que la realidad se convirtiera en sueño.
    
    Me despertó el sol alto que se colaba entre las cortinas. Mis ojos entreabiertos presintieron y después dibujaron la figura desnuda de Otilia, de pie junto a la cama, la leve redondez de su vientre, un triangulito prolijamente recortado sobre su sexo, copos de chocolate erguidos más arriba, y su sonrisa pícara, desafiante, plena.
    
    Un reloj de pared marcaba las nueve.
    
    -Te juego una carrera hasta la ducha- dijo.
    
    La seguí, y cuando me hube lavado los dientes con un ejuague bucal, me reuní con ella bajo el chorro de agua tibia. Me dejé enjabonar como una niña y después hicimos el amor sobre su cama, esta vez sin urgencias, sin temores, segura de que ella no estaba arrepentida de nada.
    
    -¿Tú crees que debiéramos hablar?- me preguntó después, todavía jadeante, recostada sobre mi pecho.
    
    -Me parece que sí- dije mientras recuperaba el aliento.
    
    -Estoy muerta de hambre ¿y tú?
    
    -También.
    
    -¡Qué bueno!- festejó –parece que estamos de ...
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