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Hipnosis erótica II 5: interrogando a mamá
Fecha: 26/06/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... ahí, me daba mucho morbo. Pero esto apenas empezaba, Ahora tocaba ir más allá. —¿Y cómo fue? —pregunté, con un leve temblor en la voz. No por inseguridad, sino por el vértigo que me daba saber que lo iba a contar. —Fue bueno, ya te lo dije —dijo ella, con ese tono neutro, limpio, casi mecánico. —Quiero que me lo cuentes —agregué—. Todo. Paso a paso. Quiero saber cómo te cogió. No respondió al instante. El agua siguió cayendo. Podía sentir su presencia detrás del plástico, su sombra proyectada apenas por la luz cálida del baño. Estaba parada, quieta, bajo el agua, y sin embargo se notaba que pensaba, que organizaba los recuerdos para decirlos con claridad. Yo, mientras tanto, no podía más de la ansiedad. Tenía la verga hecha un fierro dentro del pantalón, con el ritmo irregular de su respiración y la imagen mental de ella entregándose a ese tipo. Estaba más cerca que nunca. Más cerca del momento por el que había esperado desde que descubrí HypnoLink. Pero antes debía darme ese pequeño gusto. —Estuvimos charlando un rato y después me preguntó si quería pasar al dormitorio. Le dije que sí. Me tomó de la mano y me llevó. Me besó en el pasillo. Un beso largo, con lengua. Apoyó una mano en mi cintura, la otra en mi cuello. Yo cerré los ojos. Me gustó. —¿No te tocó el orto mientras te besaba? Qué raro. Ella soltó una risita, cosa que me sorprendió. —Sí, obvio. Pero lo hizo después de un rato, y no lo hizo como lo hacen algunos pajeros, estrujando y ...
... escarbando como si yo fuera una cosa. Solo me acarició suavemente por encima del vestido. Su voz salía suave, lánguida, como si los recuerdos se activaran de forma automática, sin filtros, sin interferencias morales, solo una secuencia de hechos que ella simplemente enunciaba como quien narra una película sin saber que está hablando con su hijo, con el mismo hijo que en ese momento estaba parado al lado de la ducha, con la piel cubierta por el vapor y el corazón a punto de estallar. Mamá siguió contando. Yo no me movía, o mejor dicho, contenía el movimiento con una fuerza interna tremenda, porque cada frase suya era como una chispa que me quemaba por dentro, que me llenaba de imágenes obscenas. Las manos de ese tipo, la camisa arremangada, el vino blanco, el beso en el pasillo… todo eso se clavaba en mi mente con la precisión de un puñal bien afilado. Mi madre se estaba entregando a un recuerdo erótico delante de mí, y lo hacía con la voz baja, la respiración húmeda, y el agua cayendo como un velo sobre su cuerpo. No tenía manera de saber hasta qué punto era consciente de lo que estaba diciendo, pero no importaba, porque ya no había censura, no había excusas, no había freno. Solo la obediencia suave e implacable que HypnoLink había instalado en su cabeza. Y entonces lo hice. Estiré una mano y tomé el borde de la cortina. Demoré apenas medio segundo. No porque sintiera culpa o temor, sino porque quería saborearlo. Quería que ese gesto tuviera el peso que merecía. Y ...