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Hipnosis erótica II 5: interrogando a mamá
Fecha: 26/06/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... acariciaba despacio, como si me conociera de antes. Tenía experiencia, se notaba. Después me preguntó si quería su verga. Me dijo que necesitaba saberlo. Y yo se lo dije. Le dije que por favor me metiera su hermosa pija en la concha. Cada una de esas palabras se me clavaba como un diente afilado en el pecho. Mi mandíbula estaba tensa, los dedos crispados. La imaginaba en esa cama, respondiendo sin pensar, cediendo. —Me la metió despacio al principio —siguió ella—. Muy despacio. Yo tenía las piernas alrededor de su cintura. Me besaba mientras lo hacía. Me decía cosas lindas. Me miraba a los ojos. —¿Qué cosas te decía? —Que me deseaba. Que estaba preciosa. Que le encantaba mi cuerpo. Que quería quedarse a dormir conmigo. —Claro. Es lógico. Pero vos tenías que venir a dormir a tu casa. No ibas a dejar a tu hijo solo toda la noche. —Exacto. Después se movía más rápido —continuó—. Yo me agarraba de su espalda. Tenía los ojos cerrados, pero sentía su respiración en mi cuello. Me decía que no aguantaba más. Me pedía que no lo soltara. Que lo apretara fuerte. —¿Y vos qué hacías? —Le decía que sí. Que me gustaba. Que no se detuviera. Su voz era suave pero constante, como el agua que le corría por el cuerpo. Tenía los párpados pesados, y los labios entreabiertos como si siguiera reviviendo cada sensación con exactitud, como si todavía lo tuviera dentro suyo, como si el cuerpo no terminara de distinguir el pasado del presente. —¿Acabaste? —Sí. Dos ...
... veces. —¿Cómo? —Primero mientras él me hacía sexo oral. La segunda vez fue cuando me lo hizo fuerte. Me apretaba las tetas mientras me metía la pija como si quisiera romperme. Nada que ver con el ritmo con el que había empezado, pero me encantó, porque no es que llegó a ese punto de la nada. Fue todo muy paulatino. Me llevé una mano al rostro, respirando hondo, cerrando los ojos apenas. No podía dejar de escucharla, ni de verla. Cada palabra me llegaba acompañada por la visión de su cuerpo empapado, tenso, perfecto. El agua que le bajaba por los muslos me hipnotizaba. Los pezones seguían duros y puntiagudos. Ella seguía hablando. Sin pausa. Sin dudar. —Después nos quedamos un rato abrazados. Yo tenía los ojos cerrados, él me acariciaba el pelo. Me dijo que le gustaría volver a verme. —¿Y vos? —Le dije que podía ser. Que me sentí bien. Que no pasaba seguido. —¿Te gustó más que la primera vez? —Sí. Esta vez fue más intenso. Me quedé en silencio. Estaba claro que mamá ya estaba a mi merced, pero escucharla me había generado cierta fascinación. —Mami —dije al fin—. Salí de la ducha. Secate. Ella lo hizo. Empezó por el pelo, luego por el cuerpo. Al final, la toalla quedó muy mojada. Entonces agarró otra, y se envolvió con ella. Me encantó cómo le quedaba. Había estado pensando en cómo me la iba a coger, qué ropa le iba a ordenar que se pusiera, pero, así, con esa toalla como única prenda, se veía perfecta. Además, no tenía tanto tiempo. Calculaba que ...