1. Tres copas


    Fecha: 04/07/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: LucasDario, Fuente: TodoRelatos

    ... con su bandeja, moviéndose discreto entre los invitados. No eran exuberantes, pero gozaban de una masculinidad y una forma física que a Sofía cada vez más la estaba encandilando. Alternaban miradas entre los tres, e incluso alguna sonrisa se escapó.
    
    Y por primera vez en la noche, sintió que quizá valía la pena haberse puesto aquel vestido.
    
    Con la copa ya casi vacía, decidió acercarse de nuevo a la barra. El camarero de barba la vio aproximarse y, por primera vez en la noche, abandonó por unos segundos su actitud distante y profesional.
    
    —¿Está disfrutando de la fiesta? —le preguntó, mientras tomaba su copa vacía con cuidado.
    
    Había algo en su tono que no era exactamente formal. Una ligera ironía, un matiz en la mirada que sugería que conocía la respuesta de antemano.
    
    Sofía ladeó la cabeza, como si valorara cuánto decir.
    
    —Digamos que estoy... observando.
    
    Él sonrió, sin exagerar.
    
    —Eso suele ser más interesante que participar.
    
    —Depende de a quién se observe —respondió ella, dejando que la frase flotara un instante.
    
    El camarero la miró con atención, y por un segundo pareció querer decir algo más. Pero se limitó a servirle otra copa, con gestos precisos, y al entregársela sus dedos rozaron los de ella con una lentitud casi imperceptible. Una corriente suave, casi imperceptible, volvió a pasarle por la piel.
    
    —Por si decide seguir observando —dijo él, con una media sonrisa—. O quedarse un poco más.
    
    Sofía sostuvo la copa sin apartar la mirada. No ...
    ... respondió con palabras, pero su sonrisa, contenida y enigmática, fue una forma distinta de asentir.
    
    El juego de miradas y palabras veladas con los camareros había logrado algo que Sofía no esperaba: que el tiempo pasara sin pesar. Entre una copa, un paseo hasta la terraza y algún cruce de frases inocuas, la noche había avanzado casi sin darse cuenta.
    
    El ambiente en la fiesta también había cambiado. Las conversaciones eran ahora más sueltas, las risas más amplias. Algunos invitados ya se habían marchado discretamente; otros se habían acomodado en los sofás exteriores con ese aire lánguido que suele llegar después del tercer cóctel.
    
    El anfitrión, cada vez más achispado, aún sostenía su copa de champán como si fuera parte de su atuendo. Sofía lo vio reír con estruendo junto a un grupo de hombres, antes de desaparecer hacia el interior de la casa con la rubia lánguida pisándole los talones. Fue entonces cuando sintió que, por fin, podía respirar.
    
    Se apartó un poco del bullicio, caminando despacio hasta uno de los límites del jardín, donde la barandilla baja de piedra dejaba ver el mar en toda su inmensidad. Las luces de la costa se dibujaban como una constelación terrenal y, más allá, la oscuridad líquida del Mediterráneo parecía no tener fin.
    
    Se apoyó en la barandilla y cerró los ojos por un instante, sintiendo el peso de aquel metal en su vientre. No pensaba en nada concreto. O quizás sí. Pensaba en el roce leve de una yema de dedo, en una sonrisa breve, en una ...
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