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Tres copas
Fecha: 04/07/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: LucasDario, Fuente: TodoRelatos
... complicidad sin nombre. Cuando volvió a abrir los ojos, Tiago estaba a su lado. Sin bandeja, sin copa. Solo él, de pie, con una taza pequeña en la mano. La extendió hacia ella con naturalidad. —Café. Portugués. Por si le apetece algo que no pueda echarle la culpa al alcohol —dijo, con una media sonrisa. Sofía lo miró sorprendida, divertida. —¿Y cómo sabes que me gusta el café? —No lo sé. Pero me gustaría pensar que sí. Me gusta la gente que sabe disfrutar del café. Ella aceptó la taza sin dejar de mirarlo. El calor traspasaba la porcelana y le llegó hasta los dedos. Había en ese gesto algo más íntimo que cualquier brindis. —Gracias, Tiago. Por el vino, por el café. Él se sorprendió apenas. —Quizás me estoy excediendo con todo. —En absoluto. —respondió ella, dando un pequeño sorbo—. Además, es difícil olvidarse de alguien que mira así. Tiago bajó la mirada un instante, sonrió de lado, y luego alzó la vista hacia el mar. —¿Sabes? A veces, los que trabajamos sirviendo, también observamos. —Me lo imagino —respondió Sofía, con un tono suave, casi confidencial. Se hizo un breve silencio, cómodo, acompañado por el murmullo del agua en la fuente y el eco lejano de las últimas risas junto a la piscina. Algo se había desplazado en el aire, como un péndulo que ya no marca la hora, sino la intención. Ella jugueteó con la taza entre las manos antes de mirarlo de nuevo, ladeando ligeramente la cabeza con una sonrisa que tenía algo de ...
... travesura contenida. —Dime una cosa, Tiago… —empezó, con el tono de quien lanza una pregunta casual pero muy calculada—. ¿Tú y tu amigo soléis hacer esto a menudo? Me refiero a... seducir discretamente a las invitadas en las fiestas donde trabajáis. Tiago se quedó inmóvil por un segundo. No supo si reírse, negarlo o simplemente salir caminando. El rubor le subió levemente por el cuello, visible incluso bajo su piel morena. Miró hacia otro lado, claramente azorado. —No… yo… no es… —balbuceó, sin encontrar las palabras, con una torpeza que lo hacía aún más humano, menos personaje. Sofía no pudo contenerse. Soltó una carcajada breve, cálida, auténtica. Dio un pequeño sorbo al café y lo miró de reojo. —Tranquilo, era una broma. Si lo hicierais a menudo, estoy segura de que no funcionaría tan bien. Tiago sonrió al fin, aliviado, aunque aún parecía un poco avergonzado. Ella aprovechó el momento para inclinarse apenas hacia él, bajando la voz con naturalidad: —De hecho, os lo agradezco. Estaba a punto de marcharme. Pero ahora… bueno, digamos que alguien está salvando esta noche. Él la miró entonces con una mezcla de sorpresa y gratitud muda, como si no esperara ese reconocimiento y, mucho menos, disfrutarlo tanto. —Entonces me alegro de haberme atrevido —murmuró, con sinceridad. Ella asintió, y se quedaron unos segundos más en silencio, mirando al mar, compartiendo el aroma del café y la certeza silenciosa. —Tengo que volver al trabajo… —dijo Tiago con una ...