-
Una reforma de la casa puede cambiarlo todo
Fecha: 07/07/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Peli, Fuente: CuentoRelatos
... de los chicos no se fijan en eso, solo tienen ojos para mi cuerpo. Por suerte, o por desgracia, la madre naturaleza ha sido de lo mas generosa con mis medidas. No les exagero nada, gasto una talla 110 de copa ancha de sujetador. Lo cual, a mis 19 años, solo me trae problemas. No solo me cuesta horrores encontrar alguna ropita que me sirva, sino que además tengo que lidiar con multitud de admiradores, mas o menos descarados, a diario. Supongo que por eso sigo sin novio, por el recelo que le tengo a los hombres. Y eso que cuando meneo mi rotundo trasero por la calle, solo los ciegos se abstienen de mirarme. Pero cuando me miran con tanto deseo y descaro como me miraban aquellos tres obreros solo se reaccionar de una forma… avergonzándome. Así que les pedí que me esperasen un momento en el recibidor mientras fui lo mas rápido posible a mi dormitorio a cambiarme. Como tenía prisa decidí ponerme el conjuntito nuevo de estar por casa que me había comprado la víspera. Este era una cucada verde monísima. Me puse el holgado pantaloncito corto sin nada debajo, por no perder mas tiempo, ya que al ser de suave algodón no me hacían falta las braguitas. La parte de arriba era una camisetita a juego también muy ancha y con un generoso escote. En teoría esta debía quedar rasada con el pantaloncito, pero en realidad mis enormes pechos hacían que la prenda quedara un palmo por encima, dejando mi ombliguito al aire. Aun tenía la camisetita en la mano cuando vi, a través del espejo ...
... de la cómoda, como el hombre grandote me miraba con todo descaro a través de la puerta que yo, con las prisas, había dejado semiabierta. No pude dejar de preguntarme, mientras me ponía la camisetita a toda velocidad, en cuanto tiempo llevaría ese repelente sujeto espiándome, y en todo lo que habría visto de mi cuerpo sin mi permiso. Aun así, cuando salí de mi cuarto, me sentí incapaz de recriminarle nada, pues me amedrentaba tanto su corpulencia como el desparpajo con que me sonreía cínicamente. Además, ahora que tenía al joven mas cerca, me encandilo su aspecto desaliñado, mezcla de bohemio y de perrito muerto de hambre. Y, puestos a confesarme, les diré que el negro me daba incluso algo de miedo. El grosero era el jefe de los tres, así que me tuve que armar de valor y le empecé a decir como quería que hicieran la obra de mi cuarto. Este, en cuanto empecé a hablar, se pegó como si fuera una lapa detrás mío, restregando su rígido paquete contra mi trasero cada vez que dejaba de andar. Mi timidez me impedía reaccionar como hubiera querido, por lo que, en vista de mi pasividad, empezó a palmearme el culo con toda confianza. Eso si, el tipo, a pesar de palmearme las nalgas cada dos por tres, no dejaba de decirme “señorita”, aunque me sonaba con un cierto retintín. Yo, muy a mi pesar, me limitaba a ruborizarme ante la audacia de su continuo acoso, dándole pie a que continuara sobándome. En un momento dado, aprovechando que estaba distraída, se me acerco sigilosamente por ...