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Una reforma de la casa puede cambiarlo todo
Fecha: 07/07/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Peli, Fuente: CuentoRelatos
... apoyar la cabeza en el sofá, mientras jadeaba medio muerta. Lo malo es que el negro, demasiado excitado ya para contenerse, salto del sofá como un resorte, y se sitúo detrás mía antes de que acertara siquiera a reaccionar. Cuando quise hacerlo ya no pude. Sus dos amigos, haciendo caso omiso de mis inútiles y débiles protestas me sujetaron con fuerza en la misma posición arrodillada en la que estaba. Así, el negro, aprovechando la cantidad de líquido que rezumaba ya mi sufrido agujerito, pudo apoyar la punta de su gigantesco rabo en la entrada. Jamás había sufrido tanto en mi vida, cada centímetro de esa descomunal barra arrancaba destellos de dolor de mi interior. Solo la habilidad con la que el grosero empezó a hurgar con sus dedazos en mi intimidad mitigo una minúscula parte de mi agonía. Pero no tuvieron piedad, y hasta que sus peludos testículos no rozaron mis nalgas no quedaron satisfechos. Luego el vaivén, estrujando mis tetas con sus manazas para no resbalar. Esta vez tardo mucho mas en llegar el placer, a pesar de que el grosero ya había localizado mi clítoris y me lo acariciaba con su destreza habitual. Eso si, a cambio, cuando llego el placer, lo hizo en oleadas interminables, que me hacían ...
... gritar de placer y jadear como una posesa. El negro acelero la furia de sus envites, llegando a creer que me sacaría su chisme por la boca. Estrujaba con tanta ansia mis pechos que muchas veces no llegaban ni mis manos ni mis rodillas al suelo, quedando suspendida por el inmenso aparato que me empalaba sin piedad. Su orgasmo fue brutal, con una corrida tan salvaje que hasta me chorreo por los muslos mientras gritaba como un energúmeno. Y la mía aun fue mayor, pues por primera vez en mi vida el orgasmo fue múltiple, empalmándose un clímax detrás de otro hasta que pensé que toda yo iba a reventar de placer. Luego me arroparon sobre el sofá y me dejaron descansar varias horas. Cuando por fin se marcharon aquella tarde apenas podía mantenerme en pie. Y cuando el grosero me dijo al salir, pellizcándome la barbilla, que procurara dormir a gusto, que al día siguiente aun sería mejor, mis piernas temblaron, sosteniéndome a duras penas. Esa noche, cuando papi llamo para interesarse por el estado de la obra y me dijo, imitando el tono chabacano de su amigo “¿Qué, cariño? ¿te han dado mucho por culo los obreros?”. No pude por menos que ruborizarme y musitarle quedamente “Muchísimo más de lo que podrías imaginarte”.