1. Una reforma de la casa puede cambiarlo todo


    Fecha: 07/07/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Peli, Fuente: CuentoRelatos

    ... detrás, atrapándome un pecho con su manaza al tiempo que me preguntaba sobre donde colocar uno de los muebles que sacaba. Solo acerté a tartamudear la nueva ubicación, sin terminar de creerme lo que me acababa de hacer.
    
    Pero tuve tiempo de hacerme a la idea, pues a lo largo de la mañana fueron varias las ocasiones en que se apodero de mi delantera, estrujándome los senos cada vez con mas soltura y confianza. Yo, acobardada, casi llegue a acostumbrarme a sus rudos toqueteos. Por eso en un par de ocasiones, a pesar de oírle llegar por detrás, permanecí quieta como si fuera una estatua, esperando el temido momento en que su mano se aferraría a mi pecho sin atreverme a reaccionar.
    
    Con ello solo lograba que sus sobeteos se hicieran mas intensos y prolongados, llegando al extremo de jugar con mi rígido pezón durante varios minutos mientras me llamaba “señorita” y me preguntaba por alguna reforma en concreto. No era el único que se estaba divirtiendo a mi costa, pues mientras el jefe me consultaba y mostraba ciertos detalles de las cosas que iba modificando me hacía agacharme y colocarme en incomodas posturas que mostraban hasta lo mas oculto de mi anatomía a través de mis holgados escotes y perneras.
    
    Capítulo 2:
    
    A media mañana, cuando iban a sacar del cuarto la estantería sobre la que guardaba mi colección de muñecas antiguas de porcelana, temí por ellas. No acababa de fiarme de ellos, por lo que les pedí que me dejaran bajarlas a mi, para que los patanes no rompieran ...
    ... ninguna pieza. El grosero accedió encantado, acercándome una silla para que pudiera apoyarme en ella, mientras me indicaba en que parte de la repisa inferior debía colocar el otro pie para no caerme. En cuanto estuve en la posición adecuada se arremolinaron los tres debajo mía. Yo, en mi ingenuidad, pensé que era para ayudarme, pero nada mas lejos de su intención.
    
    El grosero rápidamente se sitúo detrás mía, poniendo sus amplias manazas en mis nalgas para, según sus cínicas palabras, evitar que pudiera caerme. Ante mi pasividad sus dedos empezaron a explorar mi carne, estrujando y magreando mi pandero del modo mas descarado y ruin. Pero era un zorro generoso y, aprovechando la adecuada separación de mis piernas y la holgura de las perneras de mi pantaloncito, aparto la prenda lo justo para que sus dos compañeros pudieran ver cómodamente mi intimidad a tan solo un par de palmos de distancia.
    
    Yo no lo sabía, pero cada vez que me movía un poco para alcanzar una nueva figura, les mostraba tanto el bostezo indecoroso de mi rosada rajita como gran parte de mi espeso bosquecillo íntimo. Y el grosero, mientras, con la otra mano, amasaba mis prietas nalgas.
    
    El colmo fue que al acabar, mientras me ayudaba a bajar de la silla, deslizo esa mano por debajo de mi pantaloncito. Dejando que sus dedos resbalaran por mi sensible canalillo hasta que toparon con mi aún mas sensible entrada posterior. No pararon ahí, sino que continuaron hasta llegar a rozar mi flor virginal, provocando ...
«1234...8»