1. Una reforma de la casa puede cambiarlo todo


    Fecha: 07/07/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Peli, Fuente: CuentoRelatos

    ... con ello tanto mi respingo como mi huida precipitada, aderezada por su coro de risas blasfemas. Por ello procure rehuirles durante las horas siguientes hasta que, al final, me llamaron los muy ladinos, para que les resolviera un problema.
    
    Me dijeron que mi cama no pasaba a través de la puerta, y que no sabían como podían desmontarla para sacarla. ¡Mentira cochina! Yo, inocentona, aun recordaba donde estaban los pernos de sujeción debajo del somier y les dije que eran muy fáciles de soltar. Tanto hincapié hice que el grosero me pidió que lo hiciera yo, como ya tenían planeado de antemano.
    
    No supe negarme, y me tumbé sobre la alfombrilla, con una ridícula llave de esas en la mano, mientras me empujaban por las rodillas y me metían debajo de la cama. Yo, enfrascada en acabar cuanto antes con una labor tan ignominiosa e impropia de mi, no me di cuenta de que mientras me sujetaban me habían separado las piernas casi por completo.
    
    No podía saber de ningún modo que el grosero había apartado de nuevo mi pantaloncito a un lado, y que tenía a los tres obreros viendo, y hasta oliendo, mi flor mas preciada. Pues sus tres cabezas se turnaban a escasos centímetros de mi intimidad. Mis rosados pétalos separados enviaban su mágico olor a sus narizotas mientras sus ojos bizqueaban ante la belleza de la maravilla que tenían delante. Además, el suave tejido había cedido lo suficiente como para mostrarles la mayor parte de mi espeso triángulo de vello oscuro.
    
    Estaban tan absortos ...
    ... contemplándome que tuve que insistir varias veces en que ya había acabado antes de que reaccionaran y me ayudaran a salir. Y entonces vino la segunda parte, los muy golfos no contentos con lo que ya habían visto trabaron de alguna forma la parte inferior de mi camisetita con los muelles. Por eso, cuando por fin tiraron de mi, esta se me enredo en el cuello, dejando al aire mis enormes globos.
    
    Me quería morir. Ahí estaba yo, metida debajo de mi cama, con los brazos en alto por culpa de mi camiseta y con los pechos totalmente expuestos a la mirada de los tres odiosos obreros. Estaba tan sumamente cohibida por mi exposición e indefensión que solo podía musitar “por favor… por favor… soltadme” una y otra vez. Mientras ellos me decían palabras de calma y fingían trastear en mi camisa.
    
    Yo sabía que lo estaban haciendo a propósito, pues no en vano sentía su cálido aliento en la cima de mis pechos, señal de que sus cabezas estaban a escasos centímetros de lo que ningún mortal había podido ver antes. Para colmo de males mis sensibles pezones reaccionaron ante la situación, endureciéndose y agrandándose tanto como de costumbre, provocando así nuevos murmullos de admiración ante su belleza y grosor. No se cuanto tiempo permanecí en tan humillante postura, pero seguro que fue demasiado. Cuando al fin me soltaron no sabía donde esconderme, y no sabía como comportarme ante sus explícitas e intensas miradas.
    
    Capítulo 3:
    
    Por eso les rehuí durante un buen rato, hasta que llegó la ...
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