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Una reforma de la casa puede cambiarlo todo
Fecha: 07/07/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Peli, Fuente: CuentoRelatos
... hora de comer y me llamaron para que compartiera con ellos lo que estaban saqueando de la nevera. Como estaba sin desayunar y tenía bastante hambre accedí a comer con ellos, a pesar de que sus modos en la mesa dejaban muchísimo que desear. Los obreros no usaban agua, sino que bebían el vino como si este lo fuera. Y yo, tonta de mi, dejaba que llenaran mi vaso una y otra vez, como hacían ellos con los suyos. El resultado ya se lo pueden imaginar, pronto estaba diciendo tonterías y riéndome de las cosas que decían ellos. Les aseguro que todavía no sé como lo hicieron, pero el caso es que me sorprendí a mi misma confesándoles, entre risitas, lo mucho que me atraía el más joven. Y ese fue el principio de mi fin. El grosero, aprovechando la oportunidad que les brindaba en bandeja, me animo a que le diera un beso ahí mismo, delante de todos. Cuando quise darme cuenta estábamos abrazados, y sus labios empezaban a saborear los míos. Me dejé llevar por el placer y respondí a sus besos con bastante timidez, recibiendo mas que dando, aunque también mi lengua se enroscaba con la suya cuando se tropezaban en nuestras bocas. Yo, colgada de su cuello, deje que sus manos se adueñaran de mis pechos, suspirando como una boba mientras sus dedos exploraban mis enormes tetas hasta alcanzar las sensibles cimas. Una de ellas se quedo allí, extasiada, pellizcando y retorciendo el grueso y sensible fresón que casi le llenaba por completo la mano. La otra fue bajando lentamente, ...
... deslizándose por mi ombliguito, hasta introducirse al fin por debajo de mi pantaloncito, y sepultarse en mi ardiente intimidad. Mis espasmos de placer iban en aumento mientras sus dedos, mucho mas dulces de lo que podía suponer, se iban abriendo paso en mi cálida y estrecha virginidad. No me di cuenta de que eran otras manos las que me estaban desnudando hasta que empezaron también a magrearme. Estas eran mucho mas ansiosas y estrujaban mis tetas y mi culo con demasiada rudeza, restando bastante placer a la deliciosa masturbación que me estaba haciendo el jovencito. Yo, sentada desnuda en su regazo, tenía mi cabecita apoyada en su firme hombro, mientras le besaba sin descanso. El, que tenía una de las manos permanentemente ocupada con mi agradecido pezón, pugnaba por meter dos de sus dedos en mi intimidad. Alternándolos de tal modo que me estaba llevando al borde del orgasmo. No me importaba pues que el negro se hubiera adueñado al mismo tiempo de mi otro pecho, chupando y succionando mi pezón como si le fuera la vida en ello, mientras sus manazas amasaban y apretaban mi descomunal cántaro embelesadas. El grosero, después de haber catado mis pechos durante un rato, se dedico a mordisquear y lamer mi trasero, estrujándolo a manos llenas. Su lengua se deslizaba una y otra vez por entre mis medias lunas, hasta localizar la sensible entrada de mi esfínter. Donde estuvo un buen rato. Mis gemidos y jadeos delataban la inminencia de mi orgasmo por lo que el grosero se arrodillo ...