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Fiebre de juventud
Fecha: 14/07/2026, Categorías: Incesto Autor: Shrink2b, Fuente: TodoRelatos
... reclamó a María una y otra vez durante toda la semana. La mañana siguiente a la primera noche, la encontró sumergida hasta los hombros en el agua burbujeante del jacuzzi de la suite. Sin mediar palabra, se desvistió y entró con ella. El agua se desbordó mientras la tomaba sentada sobre él, con la espalda contra su pecho, sus gemidos ahogados por el rugido del agua. No salían para nada del cuarto. Todo lo ordenaban por servicio a la habitación. Los camareros que llevaban las bandejas de comida gourmet y las botellas de champagne no podían evitar, al salir, echar un vistazo furtivo a la pareja. A veces los pillaban en el balcón, con Iván detrás de María, agarrándola del pelo mientras ella se apoyaba en la barandilla, su espalda arqueada contra el cielo de la ciudad. «Son como una pareja salida de una película porno», pensaba uno, limpiándose el sudor de la frente. «Él, guapo y con un cuerpo esculpido como un dios griego; ella, una diosa de belleza dulce y curvas perfectas, siempre entregada». Pasó una semana entera antes de que los tortolitos abandonaran la suite. Iván caminaba orgulloso, con el porte de un conquistador, sosteniendo de la mano a su mujer. Su mujer. Sabía, con una certeza animal, que probablemente ya la traía preñada. La idea lo enardecía. María, por su parte, caminaba con una seguridad nueva. Llevaba en su vientre litros de su semen, cada embestida de esa semana había sido un intento deliberado de fecundación. Se sentía marcada, poseída, y un orgullo ...
... primitivo y celoso la embargaba. Caminaba pegada a él, lanzando miradas de advertencia a cualquier mujer que osara admirar a su hombre. Cuando llegaron a casa, Inés trató de actuar con naturalidad, con una sonrisa tensa. Pero tan pronto cruzaron la puerta, Iván, sin preámbulos, tomó a María de la cintura y la presentó con solemnidad: —Mira, Inés… te presento a la futura madre de mis hijos… mi prometida, María. Inés palideció por un instante, pero recuperó la compostura con una rapidez admirable. Sabía que su supervivencia en este nuevo orden dependía de seguirle la corriente. Extendió la mano a su propia hija como si se conocieran por primera vez. —Es un placer—, dijo, con una voz que apenas le tembló. Iván continuó, dominando el espacio con su sola presencia. —Pensaba remodelar la casa, pero será más fácil venderla e irnos a vivir lejos. Un nuevo comienzo, lejos de… miradas indiscretas—. No lo dijo, pero todas supieron a lo que se refería: al escándalo inminente, al embarazo que pronto sería evidente. Inés aún no entendía cuál sería su nuevo rol, pero cuando Iván salió a buscar a un agente inmobiliario, se quedó a solas con María. La miró, y sin mediar palabra, la abrazó con una fuerza desesperada. —Sé que me darás nietos hermosos—, le susurró en el oído, y su voz se quebró—. Definitivamente, eso lo sé. Ambas rompieron en llanto, un llanto de complicidad, de terror y de una extraña admiración por el mismo hombre que las había reducido a esto. Luego, rieron, con ...