1. Fiebre de juventud


    Fecha: 14/07/2026, Categorías: Incesto Autor: Shrink2b, Fuente: TodoRelatos

    ... los ojos brillantes, endiosadas y atrapadas en la misma red.
    
    Esa noche, Iván y María durmieron juntos en la habitación de ella. Tan pronto atendió a María, saciándola con una lentitud exasperante que la dejó dormida y exhausta, Iván se deslizó fuera de la cama y fue directamente a la alcoba de Inés.
    
    No hubo palabras. La encontró despierta, leyendo bajo la luz tenue de la lámpara. Le arrancó el libro de las manos, le apartó las sábanas y se montó sobre ella. La folló con una intensidad salvaje, como si quisiera borrar cualquier duda, cualquier pensamiento de rebelión que hubiera germinado en su ausencia. Era una reclamación, una posesión furiosa. La tomó por todos sus agujeros, alternando entre su boca, su coño y su culo con una energía inagotable, arrancándole cuatro orgasmos consecutivos que la dejaron hecha un temblor, balbuceando incoherencias. «¿De dónde saca fuerzas este hombre?», pensó, maravillada y aterrada, mientras su cuerpo respondía con una entrega absoluta que la avergonzaba y la enardecía por igual.
    
    En menos de una semana, la casa, el coche y los muebles estaban vendidos. Y, por supuesto, el dinero de la venta, al igual que la herencia de su padre, fue a parar directamente a la cuenta de Iván. Él era el pilar, el proveedor, el dueño absoluto de su nuevo y perverso mundo. Y ellas, ahora un trío unido por secretos, semen y sumisión, se preparaban para seguirlo a donde él decidiera.
    
    Iván había sido implacable en su búsqueda. No quería un lugar ...
    ... cualquiera; necesitaba un reino. Lo encontró a varios cientos de kilómetros de su antigua vida, en una zona donde las propiedades se medían en hectáreas, no en metros cuadrados. Una hacienda antigua, restaurada con un gusto que mezclaba lo rústico con el lujo discreto. La había conseguido por una fracción de su valor real; el agente inmobiliario, un hombre ya entrado en años, pareció ceder ante la abrumadora y firme presencia de Iván, casi como si intuyera que era más fácil (y más seguro) no regatear con semejante hombre. El dinero de la venta de su antigua vida cubrió la compra sin problemas, consolidando aún más el poder absoluto de Iván sobre su pequeño mundo.
    
    La propiedad era vasta. La casa principal, de techos altos y amplios ventanales, se erguía imponente, rodeada de jardines silvestres y un viejo roble que daba sombra a una terraza de piedra. A unos cincuenta metros, casi escondida entre enredaderas florecidas, estaba la casita de invitados, más pequeña pero igual de acogedora, destinada para Inés. Era el perfecto escenario para su nuevo orden.
    
    Los vecinos, aunque escasos debido a las grandes distancias, sentían la curiosidad que despierta cualquier forastero. Unos días después de su llegada, una pareja mayor que vivía en la hacienda colindante se acercó con una cesta de frutas de regalo. Iván los recibió en la entrada, con un brazo posesivo alrededor de la cintura de María y una mano firme en el hombro de Inés, presentándolas con una sonrisa que no llegaba a sus ojos ...