1. Fiebre de juventud


    Fecha: 14/07/2026, Categorías: Incesto Autor: Shrink2b, Fuente: TodoRelatos

    ... sintiendo el valor de la complicidad que ya los envolvía, le confesó:
    
    —Iván, saldré con un arquitecto a cenar —comenzó a explicar, intentando llenar el aire con detalles banales sobre cómo lo había conocido en una subasta de arte.
    
    Pero Iván no la dejó terminar. La interrumpió, acercándose. Su mirada era oscura, intensa, y su voz, baja pero firme, no dejaba espacio para la réplica.
    
    —No me parece buena idea —declaró, y el posesivo "me" resonó como un trueno—. Él no es para ti. Mejor sal conmigo al cine.
    
    Inés lo miró, atrapada en esa red de autoridad que él tejía a su alrededor. No era una sugerencia. Era una orden revestida de seducción. El "no" se formó en su mente, pero se murió en sus labios. No se atrevió a desafiarlo. No quiso hacerlo. Aquella noche, en la oscuridad vibrante del cine, no vio la película. Sintió el calor del cuerpo de Iván junto al suyo, su brazo rozando el suyo, su perfume invadiendo su espacio. Y supo, con una mezcla de terror y excitación punzante, que la línea que separaba a una madre de una mujer había sido cruzada para no volver.
    
    La complicidad entre Inés e Iván se había convertido en una burbuja privada, sofocante y electrizante. Las salidas se volvieron más frecuentes y atrevidas. Del cine pasaron a cenar en restaurantes de luces tenues donde sus pies se buscaban bajo la mesa, y de ahí a clubes exclusivos donde la música techno latía como un segundo corazón y el alcohol fluía como un lubricante para sus inhibiciones. María, la hija ...
    ... ejemplar, se quedaba en casa, sumergida en sus libros o series, ajena al torbellino que se gestaba a su alrededor, aunque una inquietud sorda comenzaba a carcomerla cada vez que su madre y su hermano salían juntos, regresando tarde, con risas bajas y miradas cargadas.
    
    La noche crucial llegó envuelta en neón y humo. Iván llevó a Inés a un bar privado, un antro de iluminación sanguina y sofás de cuero donde el dinero callaba cualquier pregunta. Él tenía un plan meticuloso y perverso. Sabía que el alcohol era la llave que destrabaría la última cerradura de su moral. Le pidió cocktail tras cocktail, bebidas dulces que ocultaban su potencia. Inés, sintiéndose joven, libre y deseada por el hombre más viril que había tenido a su lado en años, bajó la guardia. Bebió hasta que el mundo perdió sus aristas afiladas y todo se volvió una neblina caliente y permisiva.
    
    —Vámonos, mami —le susurró Iván al oído, su aliento caliente mezclándose con el alcohol del de ella—. Te llevo a casa.
    
    Inés, con la cabeza dando vueltas y el cuerpo flácido y ardiente, apenas podía tenerse en pie. Se apoyó en él, sintiendo el músculo duro de su brazo alrededor de su cintura como su único ancla a la realidad. Él la guió hasta el auto y la acomodó en el asiento del pasajero. El trayecto fue un vaivén de curvas y manos al acecho. Iván conducía con una mano; con la otra, acariciaba el muslo de su madre, subiendo poco a poco la falda de su vestido. Inés murmuró protestas débiles, quejidos que sonaban más a ...
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