1. Fiebre de juventud


    Fecha: 14/07/2026, Categorías: Incesto Autor: Shrink2b, Fuente: TodoRelatos

    ... Mientras yo no pueda… satisfacerlo como él necesita. Tú sabes que a él le gusta el placer sin límite y yo estoy limitada en este momento…
    
    Inés posó su mano sobre la de su hija, su voz era un susurro calmado y lleno de una terrible certeza.
    
    —No temas, cariño. Yo me encargaré de que toda esa energía… esté bien encauzada. Tú preocúpate solo por dar a luz a un niño sano. Yo me ocupo de tu hombre.
    
    María asintió, aliviada y a la vez atrapada en la extraña normalidad de aquel pacto. Su madre se convertiría en la válvula de escape de su esposo. Y ella lo aceptó.
    
    Iván, por su parte, veía cómo su mundo se expandía. Comenzó a hacer negocios, a comprar y vender ganado, a relacionarse con los lugareños. Su presencia fuerte y su astucia natural lo hicieron rápidamente respetado (y temido) en la región.
    
    Fue en una de estas salidas, en una reunión en la granja de uno de los terratenientes más prósperos de la zona, donde su mundo volvió a tambalearse. Conoció a Esmeralda.
    
    Era la hija ...
    ... del anfitrión, y su belleza era tan impactante que parecía irreal. Poseía una piel de una palidez luminosa, como porcelana fina, que contrastaba violentamente con una melena de ébano gruesa y ondulada que le caía sobre los hombros. Pero lo más cautivador eran sus ojos: grandes, almendrados y de un azul profundo y claro como el agua de un glaciar, unos ojos que parecían verlo todo y no revelar nada. Su cuerpo, esbelto pero con curvas sugerentes bajo un vestido sencillo, movía con una gracia natural y despreocupada que hechizaba. Esmeralda tenía esa mezcla de inocencia y sensualidad ardiente.
    
    Iván la observó desde el otro lado del corral, mientras negociaba el precio de unos sementales. Pero su mente ya no estaba en los caballos. La devoraba con la mirada, con ese mismo instinto predatorio que una vez lo había cegado ante su propia hermana. Su sangre pareció espesarse y bullir en sus venas. Un pensamiento, claro, obsceno y posesivo, cruzó su mente como un relámpago:
    
    -La quiero para mí… 
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