1. El jefe castiga a mamá


    Fecha: 18/07/2026, Categorías: No Consentido Autor: elquefolla, Fuente: TodoRelatos

    ... que la habían golpeado.
    
    Tumbada bocarriba sobre la cama, cubriéndose con sus manos los doloridos senos, observó asustada como Akem la separaba las piernas y se colocaba entre ellas, pero, al ver el enorme pepino de más de cinco kilos que tenía el negro entre las piernas, le suplicó:
    
    ·¡No, por favor, no! ¡Me reventaras!
    
    Una feroz sonrisa se dibujó en el pétreo rostro de ébano del africano mientras se inclinaba hacia ella.
    
    Apoyándose con sus brazos sobre el colchón, uno a cada lado de la cabeza de Rosa, dirigió su gigantesco cipote a la vulva de ésta que, aterrada, se limitó a colocar sus manos sobre el pecho del gigante cuando éste la fue penetrando.
    
    Poco a poco la fue penetrando y el acceso a la vagina se fue dilatando más y más para permitir la entrada de semejante pepino ante el miedo y el asombro de su dueña, pero llegó un momento que ya no podía más, que ya no se dilataba más y empezó el dolor. ¡El dolor! ¡A sangrar!
    
    ·¡Por favor, no, no más! ¡No más!
    
    Chilló Rosa de dolor, empujando con todas sus fuerzas el pecho del gigante, clavándole las uñas, pero éste no cedió ni un ápice y, cuando parecía que iba a reventarla el coño, sangrando abundantemente, se detuvo el negro y, echándose hacia atrás, se lo fue sacando lentamente del coño.
    
    Aliviada observó la mujer como se iba sacando semejante miembro, pero, cuando lo tenía casi fuera, empujó otra vez Akem hacia dentro. Volviéndoselo a meter y otra vez comenzó el dolor.
    
    Esta vez se lo metió más dentro ...
    ... que la anterior, un poco más, para volvérselo a sacar, a sacar y a meter, a sacar y a meter, una y otra vez, y, cuando se lo metía Rosa chillaba de miedo y dolor, hasta que de pronto, perdió el conocimiento.
    
    No por ello, el negro dejó de follársela, de meterle el pepinazo cada vez más dentro, hasta que la madama le ordenó detenerse.
    
    Con el pepino ensangrentado, Akem la volteó, la dio la vuelta a una Rosa inconsciente, colocándola bocabajo sobre la cama, y, cogiendo el bote de crema que se había extendido por el pollón, se llenó bastante los dedos de una mano.
    
    Separándola las dos nalgas, aplicó la crema al ano de la mujer, extendiéndola y dilatándola el agujero. Tenía el negro destreza y experiencia. Lo había hecho en innumerables ocasiones. La mayoría grabadas en ese mismo dormitorio a diferentes mujeres. Grabaciones que seguramente guardaba don Braulio en su colección privada, y que seguramente también traficaba con ellas, chantajeando a las mujeres y a sus maridos, vendiéndolas o regalándolas a sus contactos.
    
    Una vez la dilató lo suficiente el ano a la mujer, colocó su enorme verga en el agujero y, empujando lentamente, se lo fue introduciendo mientras la vieja lo grababa.
    
    Aunque Rosa estaba inconsciente el agudo dolor la hizo despertar y chilló, como un cerdo al que, una vez cortada su garganta, se desangra en el matadero, durante unos pocos e interminables segundos hasta que finalmente volvió a perder el conocimiento, cayendo en un estado de inconsciencia ...