1. Después del suelo (1)


    Fecha: 25/07/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... Miró hacia abajo y se sorprendió: el pene flotaba entre la espuma, de un tamaño y complexión que no había visto jamás.
    
    Vero también lo notó. Sus mejillas se tiñeron de rojo, pero no apartó la mirada. Tomó la esponja y, con movimientos lentos, enjabonó el miembro erecto, rodeándolo con los dedos para limpiarlo a fondo. Ray tragó saliva; el contacto no era erótico, pero el cuerpo —ajeno a la lógica— respondió igual.
    
    —Lo recordaba... más pequeño —dijo Ray, con voz apenas audible, intentaba sonar a chiste pero sonó a declaración.
    
    Vero sonrió, sin mirarlo a los ojos.
    
    —Estuviste creciendo hasta dormido, parece —dijo—. Con esa parte vas a hacer muy feliz a muchas mujeres.
    
    Ray no supo cómo procesar la frase. El ambiente se espesó; el baño parecía ahora más pequeño, más caliente. Vero le lavó los testículos y luego la entrepierna, usando la palma para quitar los restos de espuma. Después enjuagó la esponja y terminó el baño con los pies y las piernas.
    
    Ray esperó en la bañera a que su madre lo ...
    ... ayudará a regresar a la silla de ruedas. Ella lo envolvió en una toalla y le frotó el cabello, como si fuera un niño de ocho años.
    
    —Hoy fue un buen día, ¿no? —preguntó, mientras lo vestía con camiseta y calzoncillos limpios.
    
    Ray asintió, evitando mirarla directamente.
    
    Esa noche, compartieron la cama como de costumbre. Vero leyó un libro en silencio, la luz tenue de la lámpara dibujando sombras largas sobre las sábanas. Ray, acostado de lado, sentía el calor corporal de su madre a pocos centímetros. El cuerpo todavía vibraba con la memoria del baño, con la imagen de su erección flotando entre la espuma y el tacto metódico de las manos de Vero.
    
    Pasó largo rato sin atreverse a dormir. Temía que, al rendirse al sueño, el cuerpo volviera a traicionarlo, o que la mente terminara de aceptar lo que el instinto ya había decidido. Al final, cuando la respiración de Vero se hizo lenta y profunda, Ray cerró los ojos y dejó que el pulso se instalara en la entrepierna, cada latido una pregunta sin respuesta. 
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