1. Una terapia diferente para Layla


    Fecha: 27/07/2026, Categorías: Infidelidad Autor: El Cuentacuentos, Fuente: TodoRelatos

    ... mostraba una cierta maestría cuando pasaba por lugares específicos, y sus manos, que aun estaban por detrás de la Doctora, no permanecían quietas, sino que buscaban rincones donde acariciar y meterse aunque fuera por microsegundos.
    
    ¡Para! ¡Demonios! Dijo Layla de pronto, logrando que Joaquín despegara su rostro de donde estaba, la mirara con “ojos de borreguito” y le preguntara: ¿Qué pasa, lo he hecho mal?
    
    ¡No! Le respondió con el mismo tono, no lo has hecho mal, pero todo esto está mal, muy mal. Y mientras se quejaba amargamente comenzaba a levantar su ropa para acomodarla en el escritorio y comenzar a vestirse.
    
    No paraba de murmurar y autoflagelarse, hasta que comenzó a escuchar la voz de su paciente, primero casi con susurros: Layla; luego un poco más fuerte: Doctora Layla: y al final, con cierto dejo de autoridad: Oye, Layla.
    
    Ella, aun con las panties en la mano lista para enfundárselas, lo miró.
    
    La expresión de Joaquín había cambiado. Los ojitos de borrego se habían convertido en los ojos de un demonio, y antes de que pudiera decir algo, él apuntó hacia el escritorio y le dijo: Inclínate ahí, que ahora te voy a castigar yo.
    
    Layla pensó en gritar, en salir aunque fuera desnuda a la calle rogando por ayuda, pero ¡Caray! ¿No era eso lo que había estado deseando desde que el tipo había entrado a su consultorio? Así que agachó la mirada, tiró los calzones que traía en la mano al piso, se giró de espaldas a su paciente, y se inclinó recargada en el ...
    ... escritorio.
    
    Aquel par de manos que minutos atrás se habían posado suavemente sobre sus nalgas, lo hicieron sobre sus caderas afianzándolas con una fuerza que era tan deliciosa como peligrosa.
    
    Luego sintió como aquel erecto pene, que llevaba horas viendo crecer debajo de los pantalones de su paciente, se abrió camino entre sus nalgas.
    
    Cuando estaba a punto de reclamarle que ese no era el agujero correcto, una de las manos de Joaquín soltó sus caderas y, tomando su propia verga firmemente la apuntó a donde debería estar, suspiró, y después la embistió con una firmeza que la hizo abrir su boca y quedarse con un gemido ahogado.
    
    Estaba húmeda, demasiado húmeda, pero aun así, aquella verga entrando y saliendo de ella resultaba tan placentera como incómoda. Y una vez más, hizo memoria de la sensación, y no era la misma, era tan distinta a lo que sentía con su marido, que decidió cerrar los ojos y entregarse a la pasión.
    
    Joaquín fue cualquier cosa menos un caballero. Sus manos la apretaban demasiado fuerte de las caderas, y su pelvis daba fuertes golpes en sus nalgas, empujando su verga en toda su magnitud dentro de ella. Pero Layla no gimió, no se quejó, y no pensó “quiero que esto pare” en ningún momento, por el contrario, dejó escapar el primer orgasmo en silencio, y el segundo, haciendo bola la hoja con las notas que había tomado sobre él y que estaba sobre el escritorio.
    
    Joaquín comenzó a lanzar extraños pujidos, como si estuviera conteniendo un gemido que – A Dios le ...
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