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El culo roto
Fecha: 07/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Agatha, Fuente: TodoRelatos
... espalda. Yo no lo tenía claro. Su trasto apoyado entre mis nalgas prometía problemas. ―Hazlo como quieras ―dije con la voz entrecortada―, pero, si piensas darme por el culo, toma un botecito de lubricante que tengo en el bolso. Intuí que pretendía esto mismo cuando preguntó si admitía de todo, pero estuve convencida cuando fue a buscar el botecito. Volvió con él, abriendo el taponcito mientras caminaba, vertió un buen chorro en el ano, colocó el cabezón en la entrada y lo restregó para esparcir el producto. Yo esperaba aferrada con las manos al segundo taburete y apretando los dientes. Entonces, cuando el glande se abrió camino en las carnes, apreté los puños cuanto pude y solté un grito desgarrador. Casi me destroza el muy cabrón. Él ni se inmutó; por el contrario, siguió penetrando hasta la mitad. Lancé un segundo grito cuando se detuvo y comenzó a moverse dentro de mí. Las primeras enculadas fueron suaves, más o menos soportables, luego fue ganando velocidad a medida que mis gritos se convertían en gemidos placenteros. Llegué a pensar que el ano se adapta a todo, dentro de lo razonable, una vez se acostumbra a recibir por ahí. ―Antes lo sospechaba, pero ahora confirmo que eres una cachonda y que te gustan los rabos más que a un tonto una cometa ―afirmó al tiempo que me daba por el culo a base de bien. Yo chillaba como una loca, ahora de puro gusto, y gritaba que me diera más. ―Vuelvo a repetir que volverás a por más tras esta noche ―dijo entre ...
... bramidos―. Y no una vez ni dos, sino muchas más, y todas ellas no querrás marcharte hasta que no puedas más, porque lo de hoy es solo un aperitivo. ―Mira que tengo mucho aguante con la debida lubricación ―afirmé con la voz quebrada, tratando de conservar la posición porque sus embestidas bruscas y frecuentes hacían tambalear los taburetes. Tras unos diez minutos sodomizándome como un animal, temiendo que las patas de los taburetes se quebraran, sacó la verga, me alzó en vilo con sus poderosos brazos, me hizo girar en el aire, me depositó bocarriba en la mesita y dijo: ―Me gusta tu culo. Es lo mejor que he visto en muchos años, pero ahora quiero ver tu carita mientras gimes como una zorra. ―No hables tanto y métela otra vez ―supliqué con los ojos empañados, aferrando sus caderas con las manos y tirando de ellas hacia mí―. Métela ya mismo porque estoy que me voy. Yo misma estaba sorprendida porque todavía no me había corrido. Seguramente fue debido a los nervios y a que estuve más pendiente de no caer al suelo. Pero ahora, en una posición más cómoda, comencé a retorcerme de gusto apenas dos minutos después de encularme nuevamente. Presentía que iba a ser un orgasmo de campeonato, y le supliqué que me follara el coño, pero negó con la cabeza. A cambio, mientras me enculaba furioso, metió media manaza en el coño y comenzó a agitarla como un poseso. A día de hoy no concibo cómo pude tener un orgasmo tan brutal, el más intenso hasta la fecha. Lo más sorprendente, también una ...