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El culo roto
Fecha: 07/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Agatha, Fuente: TodoRelatos
... novedad para mí, era el chorro abundante que salía de mi entrepierna y chocaba contra su pecho. Estuvo dándome por el culo un buen rato más. El fruto, otro par de orgasmos brutales. ―Ya va siendo hora de terminar ―dijo mirando su reloj de pulsera―. El deber me llama y tampoco quiero que tus amigos esperen demasiado. Esta vez ha sido con condón y voy a correrme en tu boca, pero ven preparada la próxima vez, porque lo haremos a pelo y pienso llenarte este culito que me vuelve loco. Ahora, dejemos esto para cuando suceda, quiero que me la mames mientras otro te da por el culo. Esto sí que no me lo esperaba, pero insistió y volvió a colocarme igual que antes en uno de los taburetes. Mientras yo permanecía en esta postura, tomó su teléfono y marcó un número. ―Ya podéis venir. Os la tengo a punto de caramelo ―dijo a su interlocutor con voz misteriosa. ―Es humillante que me vean así ―protesté tratando de incorporarme, pero él me lo impedía presionándome la espalda contra el asiento con una mano y pugnando por meterme la polla en la boca con la otra. ―Es lo mejor para los tímidos, esos que todavía no te han jodido ―argumentó mientras me follaba la boca sin aflojar la presión sobre mi espalda. Los otros no tardaron en llegar y me encontraron de aquella manera. Yo no podía verlos, pero intuía su presencia. ―Veamos quién es el primero que se la mete por el culo ―gritó el mastodonte―. Que tenga buena picha porque se lo he dejado bien abierto y tiene que ...
... sentirla. Yo intentaba mirar hacía el costado, quería ver el rostro de mi hermano y leer en su gesto si sabía de esta encerrona. Dejé de hacerlo cuando una verga profundizó en el recto. No me pareció la de mi hermano ni la de Lucas. Debía ser uno de sus amigos. Daba igual: habría de ser tarde o temprano; para esto estaban allí. El caso es que me gustaba, y yo correspondía mamando la verga del coloso. En un momento dado, este sujetó firmemente mi cabeza por la coronilla y empezó a llenarme la boca de semen, al tiempo que me la follaba y repetía que tragara con cada descarga. Y lo hice, más por obligación que por gusto. El tipo se comportaba con suma brusquedad y el instinto de tragar me pudo. Cuando sacó la verga de mi boca, tenía el cabezón sonrosado y brillante, el muy cabrón no había desperdiciado una sola gota. Dejé de pensar en esto cuando el otro se dedicó a encularme a base de bien. En esto estaba, gimiendo como una guarra, cuando mi hermano se arrodilló delante de mí. ―¿Tú sabías algo de esto? ―le pregunté con la voz tomada, exhausta por lo acontecido, gimiendo cada vez que el otro me la clavaba. ―Lo he sabido en el último momento, cuando negociábamos con él ―respondió con cierta congoja en la voz―, pero he preferido que fueras tú quien tomara la decisión. El acuerdo ha sido ese, condicionado en que te dejaría ir si te negabas. Veo que no lo has hecho y esto me quita la losa de encima. Zanjamos el asunto cuando el otro amigo puso su picha en mi boca y comencé a ...